«Varias profecías sobre el fin de los tiempos nos hablan del regreso de un Salvador o Mesías, que vendrá de los cielos al final del Kali Yuga, montado en un caballo blanco y blandiendo su espada, para poner fin al reinado del mal y restablecer la justicia».
Bibhu Dev Misra
Como bien saben los amables lectores, en la cosmovisión hindú, el universo no avanza en línea recta ni se precipita hacia un final absoluto: se pliega sobre sí mismo, se renueva, se destruye y vuelve a surgir, como una respiración infinita de lo divino. Esta concepción cíclica del tiempo, profundamente arraigada en los textos védicos y puránicos, estructura la historia cósmica en una secuencia de cuatro eras o yugas: Satya (la edad de la verdad), Treta, Dvapara y Kali, cuya duración y pureza moral se degradan progresivamente.[i]
Cada mahā-yuga o «gran ciclo» —según las proporciones tradicionales 4:3:2:1— simboliza el tránsito de la humanidad desde la armonía perfecta hasta la descomposición de los valores espirituales. El tiempo, en este marco, no se concibe como algo que se agota, sino como algo que se repite; no como una flecha que hiere el porvenir, sino como una rueda que gira eternamente sobre los mismos ejes del bien y del mal.
En este sentido, el Kali Yuga —última de las cuatro edades— es descrito como la era de la discordia, de la ignorancia y de la degradación moral. Según los Puranas,[ii] en este tiempo los seres humanos olvidan la sabiduría, el deber y la compasión. La codicia sustituye al sacrificio, la mentira se vuelve moneda corriente y los reyes (o gobiernos) dejan de servir al pueblo para servirse de él. La espiritualidad se diluye en rituales vacíos, las castas y las jerarquías se corrompen, y el conocimiento se dispersa en fragmentos sin sentido.
El Kali Yuga, así, no es sólo un período cósmico: es también una metáfora moral y espiritual, representa el momento en que la humanidad toca fondo, para luego —inevitablemente— renacer. Es la noche más oscura antes del amanecer del siguiente Satya Yuga, cuando la rueda vuelve a girar hacia la luz.
De ahí que la fuerza inquietante del mito del Kali Yuga radica en su resonancia con el presente. Al observar el panorama de las últimas décadas —las desigualdades cada vez más abismales, la degradación del discurso público, el fanatismo, la violencia estructural, la crisis climática y la pérdida de sentido en medio de la hiperconectividad digital— resulta difícil no ver reflejada en esas descripciones antiguas una especie de espejo oscuro, como el de Tezcatlipoca.[iii]
Los textos védicos hablan de una época donde «los gobernantes serán ladrones», «los hombres medirán su valor por el dinero» y «los sabios se apartarán de la sociedad». Esas líneas, escritas hace milenios, parecen eco de los titulares actuales. Sin embargo, lo notable no es tanto su carácter profético, sino su capacidad simbólica para nombrar los síntomas de la modernidad: una civilización saturada de información, pero vacía de sentido, que ha sustituido la introspección por el rendimiento y la espiritualidad por el espectáculo.
De esta forma, el Kali Yuga no sería sólo una edad externa, sino un estado interior: el ciclo de la conciencia humana cuando se olvida de sí misma.
Debemos señalar que la idea de un fin del mundo, o más precisamente de un fin de ciclo, no es exclusiva del hinduismo. En el cristianismo, el Apocalipsis de San Juan anuncia una destrucción purificadora que antecede la instauración del Reino de Dios. En las mitologías nórdicas, el Ragnarök marca la muerte de los dioses y la renovación del cosmos. En Mesoamérica, los mexicas y mayas hablaron de «soles» sucesivos, cada uno extinguido por fuego, viento, agua o terremotos (tierra), los cuatro elementos clásicos.[iv]
En todas estas narrativas subyace una misma estructura simbólica: la humanidad atraviesa un proceso de decadencia moral que culmina en una catástrofe regeneradora. Las culturas, como los individuos, parecen necesitar imaginar un fin para darle sentido a su historia. Por ello, el Kali Yuga y el Apocalipsis pueden leerse como metáforas hermanas: ambas denuncian el exceso, la ceguera y la soberbia humana, pero también prometen una posibilidad de redención a través del caos.
Por su parte, el investigador y escritor hindú Bibhu Dev Misra, en su obra Yuga Shift: The End of the Kali Yuga & the Impending Planetary Transformation («El cambio de Yuga: el fin del Kali Yuga y la inminente transformación planetaria», 2023), propone una lectura renovada del mito. Basándose en reinterpretaciones astronómicas, textos puránicos y correlaciones históricas, Misra sugiere que el final del Kali Yuga comenzó con el equinoccio del 21 de marzo de 2025. Según su hipótesis, estaríamos viviendo ya el umbral de un tránsito cósmico: un período de intensas convulsiones —sociales, naturales y espirituales— que abrirá paso a una transformación planetaria y a una nueva etapa de conciencia.
Misra entrelaza datos astronómicos (como el movimiento del sistema solar a través del cúmulo de las Pléyades y el «enjambre cometario de Tauro»)[v] con símbolos védicos, proponiendo que los próximos años serán una fase de «purificación» colectiva. Para él, el caos contemporáneo no es señal de un colapso definitivo, sino preludio de un salto evolutivo de la humanidad.
Aunque su tesis ha despertado entusiasmo y escepticismo por igual, refleja una aspiración profunda: la de reconciliar ciencia, mito y esperanza. En un mundo saturado de incertidumbre, la idea de que estamos atravesando una noche necesaria antes del amanecer ofrece consuelo y propósito.
Conviene, sin embargo, abordar estas propuestas con prudencia. Las cronologías del hinduismo son, en gran medida, simbólicas y abiertas a interpretación. Fijar fechas exactas —como 3102 a.C. para el inicio o 2025 para el final— depende de cálculos que no son universalmente aceptados por los estudiosos. Más allá de lo literal, lo valioso del concepto del Kali Yuga reside en su poder metafórico: invita a reflexionar sobre la degradación moral y espiritual que acompaña el progreso material, sobre el olvido del alma en una era que idolatra la tecnología.
El Kali Yuga, entendido así, no es una condena inevitable, sino un diagnóstico de nuestra condición contemporánea. Y su desenlace no depende de catástrofes cósmicas, sino de la capacidad humana de recordar su naturaleza esencial.
La idea del fin de los tiempos —sea en la India védica, en el cristianismo o en las cosmologías mesoamericanas— encierra siempre una paradoja: el fin es, al mismo tiempo, un comienzo. Tal vez el Kali Yuga no sea una era que deba generar temor, sino comprenderse: la noche en que el espíritu se prueba a sí mismo para ser merecedor del amanecer.
Si, como sugiere Bibhu Dev Misra, 2025 marca el inicio de una transformación, entonces no se trata del fin del mundo, sino de la posibilidad de reimaginarlo. En última instancia, todo mito de destrucción es también una promesa de renovación, y quizá el verdadero sentido de estas antiguas profecías sea recordarnos que, incluso en los tiempos más oscuros, el ciclo sigue girando, y la luz —aunque tarde— siempre regresa.
[i] https://www.espiritualindia.com/blog/cuales-son-4-yugas-en-el-hinduismo/
[ii] Los Puranas son un género de textos sagrados del hinduismo que contienen mitos, leyendas, genealogías, historia, tradiciones y enseñanzas religiosas. Escritos en su mayoría entre el 300 y el 750 d.C., son una colección enciclopédica y una fuente fundamental para entender la cultura y espiritualidad del sur de la India. Los Puranas se centran en una deidad principal (como Vishnu, Shiva o Shakti) y narran la creación del universo, su disolución y los ciclos cósmicos, así como las genealogías de deidades y reyes: https://www.wisdomlib.org/es/concept/vedas-y-puranas
[iii] https://tropicozacatecas.com/2019/06/02/black-mirror-el-espejo-oscuro-de-tezcatlipoca/
[iv] Los cuatro elementos clásicos son tierra, agua, aire y fuego. Esta teoría sostiene que todos los seres naturales están compuestos por una mezcla de estos cuatro componentes en proporciones variables. El concepto ha sido explorado en diversas áreas, como la filosofía antigua, la alquimia y la arquitectura.
[v] El «enjambre cometario de Tauro» se refiere a la corriente de escombros asociada con la lluvia de meteoros de las Táuridas. Esta corriente es el remanente de un objeto interplanetario muy grande que se desintegró, dando lugar al cometa 2P/Encke y varios asteroides, percibiéndose como si emanara de la constelación de Tauro: https://earthsky.org/space/could-large-asteroids-hidden-in-a-meteor-shower-harm-earth-taurids-tunguska/
Carlos Hinojosa*
*Escritor y docente zacatecano
