Axis Mundi: La Biblia y la bestia


«Por mi parte afirmo: ‘El Imperio nunca terminó’ […] El Imperio es la Institución, la codificación de la perturbación; está loco y nos impone esa locura por la violencia; es violento por naturaleza».[i]

Philip K. Dick

 

Durante los primeros días de las protestas del movimiento Black Lives Matter contra la brutalidad policíaca, el 1 de junio, el presidente Donald Trump decidió recorrer la corta distancia de la Casa Blanca a la Iglesia Episcopal de San Juan, donde realizó una operación de propaganda, posando para las cámaras mientras sostenía una Biblia sobre su cabeza.[ii]

Dicha sesión de fotos resultó controvertida e incluso contraproducente por varias razones:[iii] se usó gas lacrimógeno para desalojar a los manifestantes pacíficos que ocupaban dicho recinto religioso, además, evidentemente, la acción de la bestia Trump se sumó a una larga lista de respuestas incongruentes ante las justas demandas que han llegado a exclamar que, para el sistema de justicia estadounidense, afroamericanos, latinos e inmigrantes son menos que animales.[iv]

El citado uso de la Biblia por Trump representa un episodio más en una larga historia del empleo de textos sagrados para legitimar el poder del Estado; por ejemplo, en los tribunales y el Congreso de EUA, la Biblia se utiliza, regularmente, como un símbolo físico de la autoridad política, de hecho, tales prácticas en la vida pública estadounidense tienen antecedentes que se remontan al Imperio Romano.

Aunque los cristianos se han interesado en el contenido de sus escrituras sagradas desde el principio, el uso de la presencia física de los textos sacros, como símbolo de poder, comenzó en un período en el que los creyentes se enfrentaron a la presión legislativa, la marginación y la violencia, por ende, es probable que el interés y la defensa de los libros sacros de los cristianos haya sido una respuesta a las acciones agresivas de los emperadores romanos.

En el año 249 D.C., a la luz de los desafíos a su legitimidad, el recién proclamado emperador Decio emitió un decreto para que todos en el Imperio realizaran un sacrificio al genio («espíritu divino») del emperador. A cambio de esta muestra de lealtad al Estado, cada súbdito recibiría un certificado llamado libellus («librito») como prueba de participación y evidencia material de lealtad. Las copias de dichos certificados señalan, como ha demostrado el historiador James Rives,[v] que el decreto no estaba dirigido específicamente a los cristianos, sin embargo, los afectó de sobremanera y varios fueron martirizados.

Fue a partir de este periodo, posiblemente como reacción a las demandas romanas de que la gente llevara certificados de lealtad al Estado, que los cristianos comenzaron a utilizar sus escrituras sagradas como manifestaciones físicas de la presencia y el poder divinos: así como se esperaba que los individuos que se habían sometido al genio del emperador llevaran sus libelli, los cristianos podían portar los Evangelios como muestra de lealtad a un ser divino diferente. De hecho, a finales del siglo III, los Evangelios llegaron a representar la identidad cristiana, como muestra un relato conservado por el historiador Eusebio de Cesárea,[vi] en el cual, el mártir Marino tuvo que elegir entre «los Evangelios divinos» y el sacrificio a Decio, esto es, entre Cristo y el César. Marino eligió los Evangelios y, por lo tanto, fue martirizado.

Muchos cristianos pensaban que sus textos sacros eran objetos poderosos, manifestaciones de la presencia y autoridad divinas. A principios del siglo IV, los Evangelios y los rollos de papiro o pergamino con pasajes de las Escrituras funcionaban como amuletos para curar enfermedades o alejar el mal, lo cual constituye un conjunto de prácticas atestiguadas tanto por los autores antiguos como por las pruebas arqueológicas, principalmente en Egipto.[vii] Incluso, podría decirse que antes de que los cristianos llevaran cruces alrededor de sus cuellos, portaban textos sagrados.

En el año 303, en el vigésimo aniversario de su reinado, el emperador Diocleciano emitió su «Primer Edicto» contra los cristianos, mismo que exigía la destrucción de sus libros sagrados. Sin embargo, un gran número de creyentes a lo largo del imperio desafiaron el mandato imperial, prefiriendo morir antes que entregar sus textos sacros. Según un relato en latín,[viii] un cristiano de Sicilia llamado Euplus sostenía que «quien abandona [las escrituras] pierde la vida eterna». Euplus fue ejecutado con un libro del Evangelio colgado del cuello, marcando su identidad como cristiano.

Como objetos sagrados, los libros cristianos se convirtieron en un símbolo de resistencia al poder imperial, por ejemplo, se conoce que un grupo de cristianos de la pequeña ciudad norteafricana de Abitina (hoy en día Henchir Chouhoud el Bâtin, Túnez) desafió el decreto de Diocleciano, al negarse a entregar los libros físicos de los textos sacros, lo cual era una muestra de la lealtad de los cristianos de Abitina a Dios sobre el Imperio. Refiriéndose a las escrituras cristianas como «la ley», el relato de Las Actas de los Mártires Abitinianos[ix] plantea una cuestión de lealtad: ¿se seguirá la ley de Cristo o las órdenes del César? Como podemos ver, la contienda entre la ley divina y el edicto imperial se centró en los libros sagrados.

Preservar los textos físicos de las escrituras era profesar la identidad cristiana, así como apelar a una autoridad superior y divina. Por el contrario, aquellos que entregaban los libros sagrados, para ser destruidos por funcionarios imperiales, renunciaban a su lealtad a Dios. Mientras los cristianos norteafricanos se enfrentaban a las consecuencias del edicto de Diocleciano, figuras como el obispo Petilian de Cirta (en la actual Argelia) sostenían que entregar un texto sagrado era condenar a Cristo mismo a la pira, por tanto, en dicha teología en desarrollo, las escrituras materiales manifiestan la autoridad divina e incluso encarnan al propio Cristo. Es por ello que puede señalarse que la Biblia, como libro, era una fuente de autoridad que podía desafiar incluso las exigencias del Imperio Romano.

Si recapitulamos un poco, podemos apreciar que el uso de la Biblia, como símbolo material de la autoridad divina, comenzó en respuesta a la opresión y violencia políticas. En el norte de África en particular, algunos cristianos se negaron a entregar los libros sacros para su destrucción, o a aceptar a quienes lo habían hecho como sus líderes religiosos. Aunque la historia de la Biblia como símbolo se amplía a partir de este punto —de tal modo que aún se mantiene en un sitio destacado en los espacios litúrgicos y se emplea para cimentar la autoridad de las ceremonias legales en EUA—, el poder simbólico de la Biblia comenzó como una forma de resistencia política.

Hay una trágica ironía en el hecho de que una forma de resistencia desarrollada por cristianos norteafricanos, privados de derechos y reprimidos —como los afroamericanos, latinos e inmigrantes en EUA—, haya querido ser utilizada como arma de propaganda por la bestia Trump, lo cual nos recuerda las visionarias palabras de nuestro santo patrono, Philip K. Dick, con las que empezamos el presente texto.

 

Notas de referencia:

[i] Philip K. Dick, Valis, Minotauro, Barcelona, 2001, p. 293.

[ii] https://www.nytimes.com/es/2020/06/04/espanol/mundo/trump-biblia.html

[iii] https://www.washingtonpost.com/opinions/2020/06/15/new-questions-about-trumps-ugly-bible-stunt-hint-some-dark-truths/

[iv] http://tropicozacatecas.com/2019/07/13/axis-mundi-ninos-migrantes-crisis-humanitaria/

[v] https://www.jstor.org/stable/300738?seq=1

[vi] https://www.google.com/books/edition/NPNF2_01_Eusebius_Pamphilius_Church_Hist/taagmnUcsD8C?hl=en&gbpv=1&dq=Marinus+the+divine+Gospels

[vii] https://global.oup.com/academic/product/making-amulets-christian-9780199687886?cc=us&lang=en&

[viii] https://www.google.com/books/edition/Scribes_and_Their_Remains/w7KrDwAAQBAJ?hl=en&gbpv=1&dq=whoever+gives+up+%5Bthe+scriptures%5D+loses+eternal+life.+euplus&pg=PT63&printsec=frontcover

[ix] https://books.google.nl/books?id=_DdzpSgtXBYC&pg=PA25&lpg=PA25&dq=Acts+of+the+abitinian+martyrs+the+law&source=bl&ots=xOksV08OrA&sig=ACfU3U0jjlpkkig3J3adAN9f-pWMGm-MKQ&hl=en&sa=X&redir_esc=y#v=onepage&q=the%20law&f=false

 

Carlos Hinojosa*

*Escritor y docente zacatecano

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