Como bien saben los amables lectores, en la historia cultural de México existen artistas populares, intelectuales influyentes y grandes divulgadores. Rius fue las tres cosas al mismo tiempo. Nacido como Eduardo del Río García el 20 de junio de 1934 en Zamora, Michoacán, y fallecido el 8 de agosto de 2017 en Tepoztlán, Morelos, dejó una obra gigantesca que transformó la manera en que generaciones enteras comprendieron la política, la religión, la economía, la historia y la sociedad.
Para muchos mexicanos, leer a Rius fue una experiencia iniciática: antes de él se aceptaban las cosas, después de él se empezaron a cuestionar. Sus libros e historietas no sólo informaban: enseñaban a mirar el mundo con una mezcla de escepticismo, curiosidad y sentido del humor.
El inventor de una nueva forma de divulgar
La gran revolución de Rius consistió en algo aparentemente sencillo: utilizar la historieta para explicar temas complejos. Hoy nos parece natural encontrar libros ilustrados sobre filosofía, economía o ciencia, pero en las décadas de 1960 y 1970 aquello era extraordinario. Rius entendió que el conocimiento no debía permanecer encerrado en las universidades ni escrito en lenguaje inaccesible. Con dibujos, chistes, diálogos y recortes, logró explicar asuntos que normalmente parecían intimidantes.
Gracias a él, miles de lectores tuvieron su primer contacto con autores como Karl Marx, Sigmund Freud, Charles Darwin o Friedrich Nietzsche. Rius demostró que la divulgación no tenía por qué ser aburrida: su método mezclaba humor, ironía, investigación y una enorme capacidad pedagógica.
Los Supermachos: la sátira que incomodó al poder
En 1965 apareció Los Supermachos, una de las historietas más importantes de la historia mexicana. Ambientado en el ficticio pueblo de San Garabato de las Tunas, el cómic retrataba con humor feroz los vicios del sistema político mexicano: el caciquismo, la corrupción, el autoritarismo, el clientelismo y la manipulación electoral.[i]
Sus personajes representaban tipos sociales reconocibles y permitían que el lector identificara las contradicciones del país real. La popularidad fue enorme, pero también las presiones políticas. Finalmente, Rius perdió el control de la publicación debido a conflictos con los dueños de la editorial que publicaba la revista. Aun así, Los Supermachos cambió para siempre la caricatura política en México.
Los Agachados: el aula pública de varias generaciones
Lejos de rendirse, Rius creó Los Agachados, publicación semanal que alcanzó tirajes masivos. Si Los Supermachos era principalmente sátira política, Los Agachados se convirtió en una verdadera enciclopedia popular ilustrada. Allí convivían temas de historia universal, economía, filosofía, religión, salud, ecología y crítica social.
Muchos lectores recuerdan haber aprendido más en esas páginas que en numerosos cursos escolares. Rius entendió algo que hoy resulta fundamental: la educación también ocurre fuera del salón de clases.
Más de cien libros para entender el mundo
La producción de Rius fue descomunal: más de cien libros, muchos de ellos convertidos en clásicos de la divulgación en español. Entre los más influyentes destacan:
- Marx para principiantes: Introducción accesible al pensamiento marxista.
- La panza es primero: Uno de los primeros textos donde el humor gráfico se emplea para exponer cómo las fritangas, las carnes rojas, los excesos de grasa y la cultura del refresco dañan la salud.
- Manual del perfecto ateo: Crítica humorística y racional a la religión organizada.
- Cuba para principiantes: Explicación histórica de la Revolución Cubana.
- Palestina: del judío errante al judío errado: Célebre ensayo gráfico que aborda, de forma crítica y didáctica, el conflicto árabe-israelí y la historia del sionismo.
Un pensamiento incómodo
Rius nunca ocultó sus posiciones ideológicas: se definía como un hombre de izquierda, crítico del capitalismo, del consumismo y del imperialismo. Mantuvo una postura anticlerical y cuestionó con frecuencia el poder político y económico de las instituciones religiosas, lo cual le ganó admiradores fervientes y también numerosos detractores. Sin embargo, incluso quienes no compartían sus ideas reconocían algo evidente: era un polemista informado y extraordinariamente eficaz para comunicar.
El humor como herramienta de conciencia
Quizá el mayor legado de Rius no sea un libro específico, sino una actitud intelectual: su obra enseñó que reírse del poder es una forma de libertad. En un país donde durante décadas la crítica política enfrentó censura y presiones, sus historietas demostraron que el humor podía abrir espacios de discusión pública.
Numerosos caricaturistas mexicanos —y también de otros países— reconocen su influencia directa. Sin Rius sería difícil imaginar la tradición contemporánea de la caricatura política latinoamericana.[ii]
¿Por qué tantos sentimos que nos cambió la vida?
Rius nos enseñó a hacer preguntas: muchos lectores descubrimos con él que ninguna autoridad —política, religiosa, económica o cultural— está por encima del cuestionamiento. Rius no pedía que se aceptaran sus ideas, requería algo más importante: que cada uno investigara, comparara y sacara sus propias conclusiones. En ese sentido, su influencia fue profundamente democrática.
Un legado que sigue vivo
Años después de su muerte, sus libros continúan circulando, se siguen recomendando y todavía provocan discusiones.[iii] En tiempos de sobreinformación, noticias falsas y polarización, la lección de Rius conserva una sorprendente vigencia: la mejor defensa contra la manipulación es el pensamiento crítico acompañado de sentido del humor.
Homenaje final
Eduardo del Río no fue solamente un caricaturista brillante: fue un maestro popular, un provocador inteligente y un constructor de ciudadanía. Para quienes crecimos leyendo Los Agachados, Los Supermachos o cualquiera de sus libros, Rius dejó una huella difícil de medir: la costumbre de desconfiar de las verdades absolutas y la necesidad de mirar el mundo con ojos propios.
Por cierto, sus obras suelen tener una forma muy común —y afortunada— de descubrirlas: no en una biblioteca ni en una librería, sino en la casa de un tío (que fue mi caso durante unas vacaciones de verano en 1978, en Salvatierra, Gto.), un hermano mayor, un vecino o un amigo. Aquellas colecciones de Los Supermachos y Los Agachados pasaban de mano en mano hasta quedar literalmente desgastadas. Eran publicaciones que se releían una y otra vez porque siempre había un detalle nuevo, un chiste en segundo plano, una cita o una referencia que uno no había entendido la primera vez.
Precisamente recuerdo un número de Los Agachados sobre la historia del cómic, un magnífico ejemplo de su talento: en poco más de veinte páginas era capaz de condensar el origen de la historieta, su evolución, los grandes personajes, la industria editorial, los aspectos artísticos, la censura, el mercado y hasta la crítica cultural. Lo extraordinario es que el lector terminaba sintiendo que había asistido a un curso completo sin darse cuenta, porque todo estaba narrado con humor y una aparente sencillez que ocultaba un enorme trabajo de documentación.
Esa era una de sus mayores virtudes: hacía parecer fácil lo que era inmensamente complicado.
De hecho, pienso que uno de los grandes malentendidos sobre Rius es considerarlo únicamente un caricaturista político. Lo fue, por supuesto, pero también fue un extraordinario teórico–práctico del lenguaje de la historieta: comprendía como pocos la relación entre texto e imagen, el ritmo de la página, la pausa entre viñetas, la fuerza de un dibujo aparentemente sencillo y el poder de una metáfora visual. Por eso sus libros siguen funcionando décadas después: no dependían únicamente de la actualidad política, sino de una manera muy inteligente de comunicar.
A veces se piensa que simplificar consiste en quitar contenido. Rius hacía exactamente lo contrario: encontraba la estructura esencial de un tema y la convertía en una conversación con el lector. Esa capacidad es rarísima y los mejores divulgadores de la historia —desde científicos hasta historiadores— suelen compartir ese don.
Tal vez por eso tantos sentimos que, en alguna medida, nuestra manera de ser y relacionarnos con el entorno fue moldeada por él: nos enseñó que pensar puede ser divertido, que la crítica no está peleada con la risa y que un simple dibujo puede convertirse en una poderosa herramienta de libertad.
Quizá por eso Rius sigue siendo tan querido. No sólo escribió libros: acompañó la formación intelectual de millones de personas. Para muchos fue el profesor que nunca conocieron en persona, pero que les enseñó a hacerse preguntas incómodas y conservar el sentido del humor mientras buscaban las respuestas.
Y mientras existan lectores dispuestos a preguntar «¿y por qué?», Rius seguirá vivo.
[i] Incluso hubo una versión fílmica de Los Supermachos, la película de culto «Calzonzin inspector» (1974), dirigida y protagonizada por Alfonso Arau: https://www.dailymotion.com/video/x8l05r0
[ii] https://letraslibres.com/magazine/la-caricatura-frente-al-poder/
[iii] https://letraslibres.com/revista/rogelio-villarreal-rius-educador-del-pueblo/
Carlos Hinojosa*
*Escritor y docente zacatecano
