Espionaje ruso en México: geopolítica, negación y riesgos estratégicos – Axis Mundi


Como bien saben los amables lectores, la presunta presencia y el incremento de actividades de espionaje ruso en México, a partir de la presidencia de Andrés Manuel López Obrador, se han convertido en un tema incómodo pero cada vez más recurrente en el debate internacional. Reportajes recientes de medios estadounidenses de alto perfil, así como declaraciones públicas provenientes tanto de la administración de Joe Biden como —paradójicamente— de la de Donald Trump, han señalado a México como un espacio de operación relevante para los servicios de inteligencia rusos.[i]

Sin embargo, pese a la gravedad potencial de estas acusaciones y a las consecuencias que podrían derivarse para la seguridad nacional y la relación bilateral con Estados Unidos, la reacción de los gobiernos mexicanos encabezados por López Obrador y, posteriormente, por Claudia Sheinbaum, ha sido minimizar el tema, negarlo, o de plano, un franco desdén.[ii]

Esta postura ha alimentado la percepción de que los agentes rusos operan con una tolerancia tácita —cuando no con el beneplácito— de las administraciones emanadas de Morena, ya sea por afinidad ideológica, cálculo político o una comprensión deficiente del complejo tablero geopolítico contemporáneo.

Para comprender la dimensión actual del problema, es indispensable mirar al pasado. México ha sido, desde mediados del siglo XX, un territorio estratégico para la inteligencia soviética. Durante la Guerra Fría, la entonces KGB utilizó al país como una plataforma privilegiada para espiar a Estados Unidos, con el fin de aprovechar la cercanía geográfica y reclutar informantes bajo la cobertura diplomática, cultural o comercial.[iii]

La relativa apertura del sistema político mexicano, la tradición de asilo, la débil supervisión de actividades diplomáticas extranjeras y una política exterior basada en la «no intervención» crearon condiciones propicias para que agentes soviéticos operaran con márgenes amplios de maniobra. Casos documentados muestran que la embajada soviética en México fue, durante décadas, una de las más activas del mundo en términos de inteligencia.[iv]

Con la caída de la Unión Soviética, muchos asumieron que esa etapa había quedado atrás. Sin embargo, el aparato de inteligencia ruso no desapareció: se transformó. Bajo el liderazgo de Vladimir Putin —ex oficial del KGB—, Rusia reconstruyó y modernizó sus servicios de espionaje, integrándolos como un instrumento central de su política exterior.[v]

En este sentido, uno de los elementos más problemáticos de la narrativa oficial mexicana es la aparente lectura anacrónica del orden internacional. Andrés Manuel López Obrador, en múltiples ocasiones, pareció interpretar las tensiones globales bajo el prisma simplista de la vieja confrontación ideológica entre Estados Unidos y la Unión Soviética, una visión que no corresponde a la realidad multipolar, híbrida y altamente tecnológica del siglo XXI.[vi]

Desde dicha perspectiva, Rusia es vista no como una potencia revisionista que utiliza el espionaje, la desinformación y la guerra híbrida como herramientas estratégicas, sino como un contrapeso simbólico frente a Estados Unidos. Esta lectura —más ideológica que analítica— ignora que las operaciones de inteligencia rusas no responden a solidaridades románticas ni a afinidades políticas, sino a intereses duros de poder.[vii]

Y la continuidad de esta visión bajo la presidencia de Claudia Sheinbaum, aunque más matizada en el discurso, no ha implicado hasta ahora un giro claro en materia de seguridad e inteligencia frente a Rusia.

Además, resulta particularmente revelador que las advertencias sobre la actividad de espionaje ruso en México hayan provenido tanto de administraciones demócratas como republicanas en Estados Unidos. En un entorno político estadounidense profundamente polarizado, este consenso sugiere que el tema es considerado un asunto serio de seguridad nacional.

Desde Washington, se observa con preocupación que Rusia utilice territorio mexicano no sólo para labores clásicas de espionaje, sino potencialmente para operaciones de influencia, desinformación y monitoreo de infraestructura crítica estadounidense. La cercanía geográfica convierte a México en un espacio estratégico de alto valor.

Frente a ello, la respuesta mexicana ha sido insistir en la soberanía, rechazar «injerencias» y minimizar los señalamientos como exageraciones o instrumentos de presión política. Esta postura, lejos de disipar las sospechas, incrementa la desconfianza y proyecta una imagen de vulnerabilidad institucional.[viii]

La pregunta de fondo ya no es sólo si hay espías rusos operando en México —algo habitual en prácticamente todos los países—, sino si el Estado mexicano cuenta con la capacidad, la voluntad y la claridad estratégica para controlar, limitar y contrarrestar dichas actividades.[ix]

Así, la percepción de beneplácito hacia Rusia puede explicarse por varios factores: una afinidad discursiva con gobiernos que se presentan como antagonistas de Estados Unidos; una política exterior centrada más en símbolos que en análisis técnico, y un debilitamiento estructural de las instituciones civiles de inteligencia y contrainteligencia.

Más que una alianza consciente con Moscú, lo que parece emerger es una peligrosa combinación de ingenuidad geopolítica y desinterés por los costos de largo plazo.

Debemos señalar que las consecuencias de permitir —por acción u omisión— una presencia significativa de inteligencia extranjera hostil son múltiples, ya que incluyen el deterioro de la cooperación en seguridad con Estados Unidos, sanciones indirectas, pérdida de confianza en los mecanismos de intercambio de información y un mayor escrutinio internacional.

Además, México corre el riesgo de convertirse en un escenario de confrontación encubierta entre potencias, algo que históricamente ha intentado evitar, pero que hoy podría verse arrastrado a enfrentar sin las herramientas adecuadas.

Como podemos apreciar, el espionaje ruso en México no es un mito ni una simple narrativa propagandística: es un fenómeno con raíces históricas profundas y con manifestaciones contemporáneas acordes a la nueva geopolítica global. Minimizarlo, negarlo o interpretarlo con categorías ideológicas del pasado no sólo es un error analítico, sino una apuesta peligrosa para la seguridad nacional.

Nuestro país necesita una política exterior y de inteligencia basada en realismo estratégico, no en nostalgias de la Guerra Fría ni en simpatías personales. Pese a la demagogia y las bravuconadas tan características del actual régimen, en un mundo donde la información es poder, la ingenuidad se paga caro.

[i] https://www.nytimes.com/es/2025/12/08/espanol/america-latina/espias-rusos-mexico-estados-unidos.html

[ii] https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/raymundo-riva-palacio/2025/12/11/la-noticia-mas-censurada/

[iii] https://www.infobae.com/america/mexico/2021/02/06/espionaje-cruzado-y-un-amor-prohibido-las-razones-detras-de-la-mayor-crisis-diplomatica-entre-mexico-y-la-union-sovietica/

[iv] https://ru.iis.sociales.unam.mx/bitstream/IIS/5960/9/Los_servicios_de_inteligencia_en_mexico.pdf

[v] https://elordenmundial.com/sombras-que-nunca-desaparecen-los-servicios-de-inteligencia-rusos/

[vi] https://www.revistas.unam.mx/index.php/rep/article/view/88533

[vii] https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/9303343.pdf

[viii] https://oem.com.mx/elsoldemexico/mexico/ante-acusacion-de-espionaje-ruso-amlo-responde-no-somos-colonia-de-nadie-16978422

[ix] https://lasillarota.com/opinion/columnas/2025/12/9/los-espias-rusos-causan-presiones-en-mexico-573532.html

Carlos Hinojosa*

*Escritor y docente zacatecano

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