AMLO, el único candidato que entiende lo que necesita México


 Socialista, populista, ruso, venezolano, loco, extraterrestre, le quieran decir como le quieran decir, lo cierto de todo es que, el domingo, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), en el segundo debate presidencial organizado por el Instituto Nacional Electoral (INE), hizo un excelente papel y dejó claro a sus adversarios que él sigue “relajado”.

Sea o no una cuestión de coyuntura, la realidad es que los números se inclinan a favor de AMLO rumbo a la contienda del 1 de julio y los adversarios lo saben muy bien y andan muy desesperados.

Anaya, Meade y “El Bronco”, por segunda ocasión, de manera frontal, intentaron desquiciar al tabasqueño con ataques; sin embargo; a diferencia del primer debate, Andrés no sé quedó callado y jugueteó con ellos hasta desquiciar a más de uno.

Parece que en esta ocasión también le ayudaron al tabasqueño los moderadores, que salieron muy “puntiagudos” con sus cuestionamientos, algunos los tacharon de protagonistas; sin embargo, considero que no fue así, ellos sólo hicieron su trabajo, no se dejaron atrapar por el ritual de pleitesía a los candidatos del sistema.

Anaya, en un par de ocasiones, intentó elogiar a uno de ellos con la trayectoria de su padre, pero al ver que no resultó la zalamería, terminó como un “patán ofuscado”.

Meade, Anaya y “El Bronco” pensaron que las tenían consigo y más cuando el debate era un tema que dos de ellos, por su preparación académica y trayectoria, deberían de dominar: “México en el mundo”, comercio exterior y política migratoria, pero, “lástima, Margarita”, o no pusieron atención a las preguntas o les faltaron sus asesores de cerca porque se vieron muy grises.

Anaya, en dos ocasiones, cometió el error que en su momento llevó a la zacatecana Iris Aguirre a hacerse acreedora del sobrenombre #LadyTrump; groso modo, dijo que entendía “el porqué” de que Estados Unidos y Trump no respete a los mexicanos.

Meade, como si los mexicanos no tuviéramos memoria, intentó justificar de una manera tan burda las últimas decisiones del gobierno en materia de política económica y exterior.

Meade, “el ciudadano sin partido”, al que venden como estadista, quizás no alcanzó para medir el peso de sus palabras porque se terminó mordiendo la lengua al pronunciarlas, y recordé aquella campaña negra del PAN en 2006: “AMLO es un peligro para México”.

Aristóteles decía que “somos lo que hacemos”. Y la trayectoria de José Antonio Meade en la administración pública, pese a haber sido cinco veces secretario de Estado, aunado a su propuesta sobre los exámenes mentales a los precandidatos, nos arroja una gran duda sobre, por qué no decirlo, el verdadero estado mental de Meade.

Analizando su discurso ya como candidato a la presidencia de México y recordando un poco su paso por la SHCP y Sedesol, así como su más reciente propuesta “insulsa”, podemos resumir que algo no anda bien con Meade.

Según él, muy seguro de sí mismo, pide someter a sus contrincantes a exámenes mentales cuando las últimas mediciones a la presidencia no le favorecen, cuando hoy dice que acabará con la corrupción y en el pasado posiblemente fue cómplice de ella.

En Hacienda estuvo detrás de las reformas financiera y energética; en Sedesol, de acuerdo con el libro Los Suspirantes 2018, fue acusado de “arreglar” la metodología empleada para medir la pobreza en este país para que ésta arrojara indicadores favorables para el gobierno de Enrique Peña Nieto.

El mismo texto lo señala como “el defensor de la decisión de Peña de invitar a Donald Trump a Los Pinos”.

Desde el inicio de su carrera a principios de los años 90, Meade ha brillado como un buen “perro guardián” de este modelo económico y de los intereses de los grandes capitales.

Ahora cabe la pregunta: ¿Con qué calidad moral se pide el apoyo a los mexicanos que ha lastimado en los últimos 20 años? ¿Será acaso que él mismo duda de su capacidad mental al haber ejecutado las acciones ya señaladas y por eso ahora pide que le hagan un examen?

Esos del PRIAN intentan confundir, no sé si no saben o se hacen, lo que AMLO propuso en el segundo debate presidencial y ha propuesto desde hace tiempo en materia económica nada tiene que ver con un retroceso.

AMLO no propone cerrarle a México las puertas al libre mercado, no está en contra de que exista inversión privada, pero sí de la red de corrupción e impunidad de la actual clase política gobernante, que sólo se ha enriquecido a costa de más desigualdad para los mexicanos.

AMLO es un keynesiano, no es un socialista o comunista, no es un dictador, quien lo tacha de eso considero que le falta investigar más y analizar.

Ante todo esto, les digo que cada quien “cosecha lo que siembra”. ¿Quieren crecer en números rumbo a la presidencia de México? Jueguen limpio, enfóquense en que se dé a conocer lo que pueden ofrecer a los mexicanos, de manera diferente a lo que vivimos, porque, les recuerdo, la sociedad no está contenta con sus acciones.

Así que no intenten burdamente desprestigiar al adversario, porque, ¿adivinen qué?, lo engrandecen.

 

Renata Ávila*

*Periodista

Cualquier comentario, sugerencia o reclamo, pueden escribirme a @reliav_87

 

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