Axis Mundi: El traficante de droga (III): A la luz de Hollywood  


Tú has hecho del peligro tu profesión, en ello no hay nada despreciable. Ahora pereces a causa de tu profesión. Nietzsche, Así habló Zaratustra

 Es casi seguro afirmar que los componentes de un filme de gangsters/traficantes han cambiado significativamente desde que surgieron en el contexto de la Ley Volstead (la etapa de la Prohibición del Alcohol) de los años 20’s del siglo pasado, incluso se podría decir que una película de gangsters de los años 30’s resulta indistinguible de una de los 50’s o principios de los 60’s. Una convención de dicho género que claramente se ha modificado es la oscuridad de los primeros filmes, en oposición a los más recientes. Todas las cintas del género de la década de los 30’s fueron filmadas en blanco y negro, al tiempo que la mayor parte de la acción transcurre de noche, lo cual otorgaba a las películas una cualidad triste y desolada que los filmes más tardíos han rechazado.

Los gangsters/traficantes de los primeros filmes se movían casi siempre en las sombras y cualquier tipo de violencia se mostraba frecuentemente fuera de cámara. Lo anterior se halla en las antípodas de las películas más coloridas y vibrantes que se han producido a partir de Bonnie y Clyde (1967), de Arthur Penn. Después de este filme, los gangsters/traficantes ya no existen sólo en las sombras, ahora operan durante el día, incluso algunos de sus actos más terribles ocurren a plena luz del sol, como en Cara Cortada (Scarface, 1983) de De Palma, Perros de reserva (1992) de Tarantino y Los infiltrados (2006) de Scorsese. La importancia de este cambio en el color afectó la manera en que se percibe la película y la interpretación de ésta por parte de la audiencia.

En vez de los oscuros personajes que eran percibidos como malignos por el público de las cintas de los años 30’s, los espectadores de los 70’s del siglo pasado en adelante han recibido otra perspectiva del gangster/traficante, quien ahora puede ser un hombre de familia (Camino a la perdición, Sam Mendes, 2002), alguien que es divertido (Pulp Fiction, Quentin Tarantino, 1994) o que posee una gran influencia social (El Padrino, Francis Ford Coppola, 1972), características que hubieran resultado impensables en los primeros filmes del género, donde el mundo es oscuro, lleno de miedo y dudas, circunstancia que nos indica que estas cintas habían capturado la situación por la que atravesaban los Estados Unidos, al representar a los personajes principales como seres que vivían sus existencias completamente en las sombras.

Las dudas y el miedo que definieron la Gran Depresión de 1929 y la década siguiente proporcionaron una buena razón para la popularidad de los gangsters/traficantes de licor, misma que motivó al gobierno estadounidense y los grandes estudios cinematográficos a condenar los estilos de vida presentados en las películas del género, las cuales, a pesar de sus intentos por mostrar a los gangsters/traficantes como la escoria del mundo (a veces en contra de la voluntad del director), provocaban que la audiencia sintiera una admiración por los delincuentes en los que se basaban los relatos fílmicos:

Si alguna justificación para la ilegalidad fuera necesaria, ésta fue proporcionada por la naturaleza tambaleante de los marcos económico, moral e institucional del país. Para aquellas personas cuyas mentes eran incapaces de comprender los senderos de las altas finanzas, simplemente parecía que el dinero que ellos habían depositado fue robado por los bancos. Las diatribas de Al Capone contra los banqueros encontraron una enorme aprobación. Ahora, quizá más que nunca, había una extendida y genuina, si bien a regañadientes, admiración por los gangsters que arrancaban sus fortunas de las fortalezas de poder y riqueza con sus metralletas Thompson. Al menos ellos estaban haciendo algo aparte de preocuparse por cómo pagar la cuenta de los abarrotes, conseguir otro trabajo o mantener los pagos de la hipoteca.[i]

Una vida de crimen parecía estar funcionando muy bien para los gangsters/traficantes de la época, y también para los millones que en EUA se preocupaban por saber qué iban a comer cada día. Capone y sus secuaces eran personas que se resistían a la sociedad capitalista y jugaban con sus propias reglas, encontrando maneras de prosperar exitosamente dentro de la economía ilícita.

Aunque la mayoría de la gente albergaba opiniones positivas hacia los gangsters/traficantes (situación que ocurría en la mayor parte de México respecto a los narcotraficantes, hasta que la guerra contra los cárteles de 2006 provocó que las acciones violentas de éstos se propagaran hacia el resto de la población), los grandes estudios nunca se hubieran atrevido a lanzar filmes donde dichos personajes fueran presentados bajo una óptica más positiva, ya que ello bien podría haber conducido a los EUA hacia la anarquía: si los chicos malos de la película empezaban a triunfar, los efectos en una economía devastada hubieran sido inimaginables. En virtud de ello, la primera versión de Cara Cortada, del director Howard Hawks, recibió una fuerte presión de las autoridades de la época para mostrar un retrato denigrante del protagonista, en este caso un inmigrante italiano llamado Tony Camonte.

La posterior versión de Brian de Palma también recibió una dosis similar de criticismo, incluso la Asociación Cinematográfica de América, organismo encargado de clasificar las películas en EUA, intentó darle una categoría X a la película, debido a lo que consideraba como violencia gratuita y un fuerte lenguaje. De Palma eliminó algunas secuencias, pero la infamante X permaneció hasta que la Junta de Clasificaciones, Universal Studios (productora del filme) y el director llegaron a un acuerdo, por lo que la cinta obtuvo una clasificación R (equivalente al «adolescentes y adultos»). Aunque el meollo de la cuestión era el uso del lenguaje y la representación de la violencia, algunos medios, como Newsweek, consideraron que la reacción contra el filme era desmesurada:

¿Es Cara Cortada tan violenta como su reputación? Sí y no. La violencia es constante (como son las palabras de cuatro letras), el número de muertos, astronómico, y la infame escena de la moto–sierra, inquietante. Pero De Palma no insiste en la sangre derramada, cualquier cinta de horror es más espeluznantemente gráfica. Si Cara Cortada te hace estremecer, es por lo que crees ver y por la tensión acumulada del panorama salvaje. Es un entretenimiento grandioso, superficial y decadente, el cual, como todas las buenas películas hollywoodenses de gangsters, entrega el golpe y contragolpe de glamor y disgusto.[ii]

Una de las primeras características que destacan al referirnos filme Cara Cortada en sí, es que su guion fue escrito por el afamado y controvertido director Oliver Stone y, en el caso de su protagonista, Al Pacino, éste ya contaba con un personaje icónico dentro del género de gangsters, Michael Corleone, dentro de la saga El Padrino. Inmediatamente tras el estreno de Cara Cortada, el 9 de diciembre de 1983, comenzaron las críticas y las controversias por el uso «excesivo» de violencia y un lenguaje fuerte, para los estándares de la época. Una edición platino de DVD enumera el uso de la palabra fuck (joder/follar) y el número de balas disparadas en el filme; el término fuck y sus variaciones son pronunciados 233 veces, a un ritmo de casi un insulto por minuto; por otra parte, un total de 2,048 proyectiles fueron disparados en la cinta, la mayoría de ellos durante la violenta secuencia final.

El Cara Cortada de De palma sigue la misma premisa narrativa de ascenso y caída de la versión de 1932, sólo que en esta ocasión el protagonista es cubano en lugar de italiano. Tony Montana y su amigo Manny llegan a Estados Unidos en 1980, cuando Fidel Castro declaró abierto el Puerto Mariel y permitió que aquellos que buscaban refugio en el extranjero, quienes en su mayoría eran la escoria de la sociedad cubana, abandonaran el país. Tony y Manny llegan a Miami, donde son detenidos por los oficiales de inmigración, bajo la sospecha de que son criminales. Ambos son puestos en un campo de detención llamado Freedomtown, donde Manny le dice a Montana de una oportunidad que ha escuchado por ahí, misma que les permitirá obtener su «green card» y convertirse en residentes en EUA; sin embargo, dicha oportunidad implica asesinar a un ex colaborador de Castro, un hombre llamado Rebenga. Tony no tiene problema con este crimen y, durante un amotinamiento en el campo, Montana acuchilla a Rebenga en el estómago, dejándolo herido de muerte.

El par de amigos obtienen su «green card» y empiezan a trabajar en un restaurante cubano, pero Tony no se halla a gusto con tal situación, él quiere mucho más, por lo que ambos comienzan a laborar para Frank López, un notorio jefe criminal del área de Miami. A través del tráfico de cocaína, Montana asciende en la jerarquía del crimen organizado hasta convertirse en el brazo derecho de López. Al igual que en el filme original, Tony considera que Frank es demasiado blando, aparte de ser una piedra en el camino de Montana hacia la cima del éxito.

El cubano comienza a actuar sin la aprobación de López, hasta llegar a negociar directamente con los proveedores bolivianos de cocaína, con quienes llega a un acuerdo que excede lo que Frank había indicado. Al mismo tiempo, Tony hace manifiesto su deseo por Elvira, la mujer de López. En razón de todo lo anterior, Frank organiza un atentado contra la vida de Montana, quien logra escapar ileso y, rápidamente, ejecuta su venganza contra su jefe. Con López fuera de su camino, Tony se encuentra con el mundo a sus pies, como parece decirle un dirigible que observa cuando toma las riendas del imperio criminal de Frank, junto con Elvira, con quien termina casándose.

Sin embargo, pese a la riqueza y poder adquiridos, la caída de Montana ocurre con rapidez. Tony y su esposa se vuelven adictos a la cocaína, además, el traficante cae en una trampa que le ha preparado el IRS (Servicio de Impuestos Internos) por evasión de impuestos, el mismo esquema practicado con el Cara Cortada original, Al Capone. El contacto boliviano de Montana, Alejandro Sosa, le ofrece una vía para escapar, a cambio de que el cubano asesine a un periodista que amenaza con exponer al mundo toda la actividad criminal de Sosa. Tony y uno de los sicarios del boliviano se dirigen a Nueva York, donde el periodista tiene programada una comparecencia ante las Naciones Unidas. Una bomba es colocada debajo del auto del periodista, pero, en el día que se va a llevar a cabo el asesinato, inesperadamente, Montana cambia de parecer. Después de ver que el periodista recoge en el auto a su esposa e hijos, Tony se niega a asesinar a una familia, disparándole al sicario de Sosa, quien pretendía activar la bomba pese a todo.

Por otra parte, Montana, como Camonte en la cinta de 1932, es tan sobreprotector de su hermana al punto que su interés en ella resulta incestuoso. Tony regresa a Miami para encontrarse con que su hermana, Gina, se ha ido de la casa materna. Al visitarla, Montana descubre a Manny con ella y, tras percatarse de que han tenido sexo, dispara sobre su amigo hasta matarlo. Montana arrastra a Gina a su mansión. Sin embargo, furioso porque Tony no cumplió con el asesinato pactado, Sosa manda un ejército de sicarios a la casa de aquél para liquidarlo y, después de una sangrienta batalla con numerosas bajas, Gina y Montana terminan muertos.

Como un reflejo de los tiempos, la riqueza obtenida por Montana ya no proviene del contrabando de alcohol, sino de la cocaína, cuyo tráfico, en los 80’s del siglo pasado, se había convertido en un inmenso negocio en la zona de Miami, con más de 5 mil millones de dólares de la sustancia pasando a través de dicha ciudad cada año.[iii] De hecho, la cocaína casi es un personaje en sí mismo en Cara Cortada, sobre todo si tomamos en cuenta que, en algún momento del filme, casi cada uno de los personajes aparece inhalando el narcótico, lo cual se convierte en un vaticinio del actual desmedido consumo de cocaína, magistralmente descrito por Roberto Saviano:

Consume coca el mejor amigo de tu marido, ese que te corteja desde hace años y que no te ha gustado nunca. Si no es él, es el director de tu escuela. Esnifa coca el bedel. El agente inmobiliario que se está retrasando precisamente ahora que habías podido escaparte para ver el piso. La consume el guardia jurado, ese que todavía se peina con emparrado cuando ya todos se afeitan el pelo. Si no es él, es el notario al que preferirías no volver nunca más, que consume coca para no pensar en las pensiones alimenticias que tiene que pagar a las mujeres que ha dejado. Si no es él, es el taxista que despotrica contra el tráfico pero luego vuelve contento. Si no es él, la consume el ingeniero al que estás obligado a invitar a casa porque quizá te ayude a dar un salto en tu carrera. Es el guardia municipal que está poniéndote una multa y mientras habla suda muchísimo aunque sea invierno. O el limpiacoches de los ojos hundidos, que logra comprarla pidiendo préstamos, o ese chico que llena los coches de octavillas, cinco en cada uno. Es el político que te ha prometido una licencia comercial, ese al que has enviado al Parlamento con tus votos y los de tu familia y que siempre está nervioso. Es el profesor que te ha echado de un examen al primer titubeo […] La consume el portero de tu edificio, pero si no la consume él entonces la está consumiendo la profesora que da clases particulares a tus hijos, el profesor de piano de tu sobrino, el sastre de la compañía de teatro a la que irás a ver esta noche, el veterinario que cura a tu gato. El alcalde con el que has ido a cenar. El constructor de la casa en la que vives, el escritor al que lees antes de dormir, la periodista a la que escucharás en el telediario. Pero si, pensándolo bien, crees que ninguna de esas personas puede esnifar cocaína, o bien eres incapaz de verlo, o mientes. O bien, sencillamente, la persona que la consume eres tú.[iv]

Por otra parte, Tony Montana, al ser cubano, representa un cambio del típico origen italiano de muchos de los gangsters de los filmes de los 30’s a los 70’s, lo cual también es un reflejo de cómo se han modificado los flujos migratorios hacia los Estados Unidos, ya que los inmigrantes procedentes de Cuba comenzaron a llegar a dicho país, en grandes cantidades, después de que Fidel Castro llegara al poder en 1959, y la apertura de Puerto Mariel, en 1980, provocó el arribo de miles más. Por ende, no es difícil comprender por qué Stone y de Palma decidieron que Montana fuera cubano en lugar de italiano.

Cara Cortada se filmó, aparte de Miami, en México, Bolivia y Nueva York, una indicación de que de Palma buscaba un aproximamiento a su filme mucho más grande y extravagante que el minimalista de la cinta de Howard Hawks de 1932. Largas tomas de paisajes fueron empleadas, además de que los sets se iluminaron con colores brillantes, como la discoteca donde ocurre el atentado contra Montana, cuya iluminación con luces de neón nos recuerdan toda esa estética ochentera que veríamos en otras producciones de la época, por ejemplo, en musicales como Flashdance (1983) y Footloose (1984). Esta iluminación parece servir como indicador de que Tony ya no existe sólo en las sombras, ahora puede hacer sus negocios a la luz del día.

Asimismo, la vista de Miami va cambiando a medida que Montana adquiere riqueza y poder: inicialmente, la audiencia observa a Tony en los barrios marginados de Miami, donde apenas si consigue dinero; sin embargo, los sets se vuelven más extravagantes conforme el protagonista empieza a derrochar sus ganancias ilícitas. A diferencia del tiroteo final del Cara Cortada de Hawks, que ocurre en un sencillo departamento, la batalla con la que culmina el remake de De Palma tiene lugar en una mansión que ya cuenta con un sistema de video–vigilancia y una fuente al pie de las escaleras, misma que se convierte en el lugar del descanso final del gangster/traficante.

Una cuestión que resulta pertinente mencionar, y que tiene relación con lo comentado en la anterior entrega de este tema en Axis Mundi, es la temática central de Cara Cortada, la cual presenta a la mafia como una empresa de la economía ilícita que, sin embargo, se halla inscrita dentro de la dinámica del capitalismo. Tony Montana es, antes que nada, un hombre de negocios en busca del mejor acuerdo para Frank López y su organización, como un medio de lograr más ganancias. Por otra parte, a diferencia del filme original, el retrato que ofrece de Palma de la policía no es nada favorable: ésta es una institución corrupta, compuesta por personajes viciosos que recurren a medios poco o nada éticos para alcanzar sus objetivos.

Por ende, la cinta puede verse como una condena a la fuerza policial que busca acabar con el gangster/traficante, característica que, sin duda, aumentó la popularidad del filme entre las audiencias afroamericanas y mexicanas, quienes siempre han considerado a la policía como una organización que sólo sirve para reprimir a los marginados y proteger a los más ricos y poderosos, es decir, el Cara Cortada de 1983 está apelando, tal vez consciente o inconscientemente, a un poderoso código válido en ambos lados de la frontera del Río Bravo, sobre todo en las zonas marginadas: nunca confíes en un policía.

De esta forma, una audiencia como la mexicana, máxime en una época donde el tráfico de drogas comenzaba a incrementarse grandemente,[v] ya no va a percibir al gangster/traficante como una amenaza, ahora es un hombre de negocios tratando de alcanzar el éxito en una sociedad corrompida, ahora todo se ve con claridad: el gangster/traficante sólo está haciendo lo necesario para poder salir adelante, la audiencia no puede dejar de apoyarlo. Aunque está intentando de alcanzar el Sueño Americano (como los afroamericanos marginados, como los millones de inmigrantes indocumentados) a través de los medios de la economía ilícita, también está combatiendo los elementos negativos de la sociedad estadounidense, misma que la mayoría de las veces dificulta e impide que aquellos que pertenecen a las clases marginadas alcancen el éxito, por tanto, lo único que les queda por hacer es lo que Tony Montana hace en el filme, es decir, luchar en su contra.

Notas de referencia

[i] C. Shindler, Hollywood in crisis: Cinema and American society 1929-1939, London, Routledge, 1996, p. 122.

[ii] D. Ansen, «Gunning their way to glory», Newsweek, 12 de diciembre de 1983, p. 109.

[iii] Respecto a este contexto, resulta más que revelador el documental Cocaine Cowboys (2006), de Billy Corben, donde, a través de los testimonios de varios de los implicados, se relata cómo Miami se convirtió en la capital del crimen, la cocaína y el dinero, un escenario que no se veía desde la época de la Ley Volstead y los traficantes de alcohol.

[iv] Roberto Saviano, CeroCeroCero, Barcelona, Anagrama, 2014, pp. 13–14.

[v] «[En] esos mismos años ochenta Ronald Reagan estaba más inmerso en evitar que la Unión Soviética influyera en la región. Estaban las guerras civiles y las revoluciones en Centroamérica. A la CIA, como la agencia de inteligencia de Estados Unidos más importante, el narcotráfico no le importaba absolutamente nada; el objetivo que tenía era evitar a toda costa que los soviéticos tuvieran influencia y presencia en el hemisferio. ¿Cuál es un factor importante para poder actuar en esos años con el escándalo de Irán y los Contras de Nicaragua? ¿Cómo les iban a hacer llegar a estos las armas de Estados Unidos? México comparte una frontera enorme con ese país. Entonces la CIA operaba en México con Félix Rodríguez —que históricamente ha sido una especie de mercenario en el hemisferio, cuya carrera incluye la captura del Che Guevara, por ejemplo—. Este cubano, con las relaciones que tenía con el gobierno mexicano, contactó con el Cártel de Guadalajara. Supongo yo que a sus líderes les ha de haber hecho una propuesta fenomenal a cambio de que le ayudaran con toda su estructura criminal para pasar ilegalmente las armas de Estados Unidos y llevarlas hasta Nicaragua. Por ejemplo: “¿Qué les parece si aprovechamos sus contactos en Colombia, con Juan José Esparragoza, el Azul, para, en esos mismos aviones que trasladan las armas, subcontratados por la CIA a un conocido narcotraficante hondureño, Juan Ramón Matta Ballesteros, nosotros les ayudamos a pasar cocaína de Colombia a Estados Unidos, y cada quien su ganancia?”», “La conexión Irán–Contras–Narcos”, Ariel Ruiz Mondragón, en http://revistareplicante.com/la-conexion-iran-contras-narcos/

Carlos Hinojosa*

*Escritor y docente zacatecano

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