Resguarda Tepetongo tesoros naturales, de piedra y letras


El cronista José Cupertino González.

Erik Flores / Tropicozacatecas.com

FOTOS: NIUYAMA GONZÁLEZ y Tepetongozac.com.mx

 

TEPETONGO. Le llaman La Meca del territorio zacatecano por la frondosidad de su flora, la variedad de su fauna, por sus paisajes incomparables y atardeceres resplandecientes.

Se trata de la zona de los cañones, que abarca desde Jerez de García hasta Trinidad García de la Cadena, por un lado, y, por el otro, desde Villanueva hasta Moyahua de Estrada.

Uno de esos municipios es Tepetongo, que es la puerta de entrada a este valle, que contrasta con la escasez hídrica de los lugares pertenecientes a la región semidesértica del norte de Zacatecas.

Tepetongo deriva del vocablo náhuatl “tepitongui”, que significa “piedras apisonadas” (empedrado); era conocido con el nombre indígena Tuichán, en honor al dios guerrero de la tribu de los huachichiles que se asentó en la región.

Este poblado de actividad agropecuaria se ubica a 85 kilómetros al suroeste de la capital zacatecana, y se hermana en su sierra con Villanueva, Jerez, Monte Escobedo, Susticacán y Valparaíso.

Según los registros históricos, Tepetongo fue fundado el 9 de junio de 1596 por el capitán Juan de la Torre.

 

Personajes ilustres

Aparte de sus amplias superficies de pastizales, áreas silvestres, presas y riachuelos, es cuna y lugar adoptivo de distintos personales que influyeron e inciden aún en la vida política y cultural del estado.

Entre ellos se encuentra el arquitecto Dámaso Muñetón González, creador intelectual de la torre norte de la Basílica Catedral de Zacatecas, del kiosco principal del municipio, del diseño de la escuela de la Torre, de Jerez, hizo mausoleos, la cúpula del templo parroquial de Morelos, entre otras obras de realce en Fresnillo, Villa de Cos, Concepción del Oro, General Pánfilo Natera, Tlaltenango.

También resaltan el profesor Salvador Vidal García, quien incidió en el devenir de la educación zacatecana con su labor como escritor, poeta, periodista, historiador y político; fue director de la Benemérita Escuela Normal Manuel Ávila Camacho (BENMAC) y creador de los dos últimos tomos del Bosquejo  histórico de Zacatecas, que dejó inconcluso Elías Amador.

Asimismo, destaca el escritor Severino Salazar Muro, autor, entre otras obras, de la novela Donde deben estar las catedrales, que refiere un triángulo amoroso ocurrido en Tepetongo entre un ex sacerdote, una ex monja y un tendero, y que termina en una tragedia extrema; fue escrita en 1984 en varios idiomas y con ella ganó el Premio Juan Rulfo.

Estas tres figuras fueron reconocidas como hijos predilectos de Tepetongo y se da testimonio con un busto y nombres de calles en su honor.

La lista podría extenderse, entre muchos otros, con Antonio de la Campa y Cos, los curas Emeterio Castro Reza, José María Varela de la Torre o Manuel Nava Maldonado, la filántropa María del Refugio Reveles, del impresor y articulista Francisco Mata, creador del “baile de los ausentes”, en junio; Elodia de la Torre, Ricardo Méndez, Melesio Nava y Juan Gámez, Anacleto López, Sebastián Muro y José León Robles.

Lauro Arteaga, Veremundo Carrillo y Jesús María Navarro, fundadores de la Escuela de Humanidades de la UAZ.

Uno de los más reconocidos actualmente es Veremundo Carrillo Trujillo, catedrático, decano de la enseñanza de las lenguas grecolatinas en el estado y fundador de la Escuela de Humanidades de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), hace 30 años. 

Las ex haciendas

José Cupertino González Muro, cronista de Tepetongo y ex presidente municipal en dos ocasiones, mostró a Trópico de Cáncer Noticias (www.tropicozacatecas.com) distintas publicaciones suyas, resultado de casi 40 años de investigación y recopilación de documentos, como el libro Monografía de Tepetongo, editado en 2016 por Texere y coordinado por la Crónica del Estado de Zacatecas, a cargo de Manuel González Ramírez.

En este texto se detalla la vida de los personajes descritos, así como de las haciendas que dieron vida a esta demarcación, que con el paso de los años ha decrecido debido a que sus habitantes se han ido a distintas ciudades de México y Estados Unidos en busca de mejores oportunidades laborales.

Con relación a sus mudos testigos de piedra, aparte del imponente Templo de San Juan Bautista, Tepetongo puede presumir de ex haciendas que, desde su apogeo, en 1561, reúnen un vasto acervo histórico que remite a la añoranza de saber cómo fue la vida diaria de personajes como Antonio de la Campa y Cos, quien en el primer tercio del siglo 18 fundó una biblioteca en Guadalajara, Jalisco, quizás la primera de la ciudad.

 

Entre esa riqueza histórica se pueden nombrar las ex haciendas El Cuidado, Buenavista, La Trajita, San Tadeo, Arroyo Seco de Arriba, La Chaveña, San Felipe, El Cacalote, Víboras, La Lechuguilla, San Felipe y Marecito, El Cacalote, El Laurel, Varones y Cuervos, Santa Gertrudis y Santa Fe, Lo de Nava, San Elías y Acimec.

Esta publicación también es un compendio de textos originales y fotografías que detallan el cúmulo natural, arquitectónico, cultural y artístico que se ofrece en esa colorida y alegre localidad de charros y cabalgantes.

Tepetortas

Más que ser un paso obligado para llegar por el sur a Jerez o por el norte a Monte Escobedo o Jalisco, y ser la puerta del Cañón de Tlaltenango, Tepetongo es reconocido por sus tortas, que le ha valido el mote de Tepetortas.

En cuestión gastronómica, Cupertino González es continuador de la tradición de venta de suculentas tortas de chorizo y lomo iniciada hace más de 100 años por don Sebastián González Félix.

Orgulloso representante de la comida tepetonguense, el también autor de Dámaso Muñetón, arquitecto zacatecano y de otros títulos inéditos, en su local de tortas, muestra, sin envidia, celo y miramientos, su trabajo recabado, con el que deja testimonio gráfico de la historia de la demarcación.

Entre los artefactos que posee se encuentran un reloj de sol, una cámara antigua de cine, un radio técnico, engranes y ruedas de carretas de antaño, así como esculturas, ya que en sus ratos libres también se dedicaba a tallar cantera.

En el aspecto político, el cronista de Tepetongo comentó que la gente le pide que vuelva a postularse para candidato a alcalde, pero él prefiere vender tortas, “aunque –dijo– a veces no deje”.

Tepetongo está enlazado con los paisanos radicados en Estados Unidos, que se dan cita en el máximo festejo de su terruño en junio, así como a las fiestas patronales de sus comunidades de origen.

Con este encanto, majestuosidad de paisajes naturales, la calidez de su gente, personajes ilustres y mudos tesoros arquitectónicos, Tepetongo aguarda para recibir a los viajeros en sus cascos de haciendas y la exquisitez de sus tortas.

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