Axis Mundi: La victoria del Ciberpunk


Las nuevas posibilidades presentadas por la tecnología digital, que se sumaron con las energías culturales liberadas por el Punk a finales de los 70’s, inspiraron a algunos escritores jóvenes de ciencia ficción para desarrollar direcciones inéditas y contemporáneas dentro del género. En 1977, el año en el cual el Punk ingresó en la conciencia del público, el autor canadiense William Gibson publicó su primer relato corto, «Fragmentos de una rosa holográfica», al tiempo que Bruce Sterling lanzaba su primera novela, Involution Ocean. Cuatro años después, en 1981, el veterano escritor Vernor Vinge sacó a la venta su novela corta True Names, en la cual los personajes habitan los espacios virtuales de una computadora.

Escuchó la diminuta voz que todavía se escapaba de Providence. No tenía nada de sentido. Ella sonaba histérica, presa del pánico. Él se sorprendió de que ella aún pudiera hablar, acababa de sufrir —al perder todas sus conexiones computarizadas— algo aproximadamente análogo a un derrame cerebral. Para ella, el mundo ahora se percibía a través del ojo de una cerradura, incompleto, desconocido y oscuro.[i]

Estos diferentes trabajos comenzaron a definir una manera de representar los complejos espacios y experiencias del nuevo mundo post–industrial y post–moderno, en tanto se trataba de los primeros ejemplos del aún no bautizado Ciberpunk. Alrededor de las mismas fechas, el genial artista del comic francés, Jean Giraud Moebius (1938–2012), estaba produciendo extraordinarias historietas retratando visiones distópicas de una futura decadencia urbana, algunas veces siguiendo los guiones del chileno Alejandro Jodorowsky, como en el caso de la obra maestra del comic contemporáneo, El Incal.[ii].

El Ciberpunk tuvo un buen número de antecedentes, tanto en la ciencia ficción como en la literatura experimental; en el primer campo, nuestro viejo conocido, el escritor Philip K. Dick, desarrolló brillantes visiones de mundos donde la realidad e identidad son fundamentalmente inestables, con frecuencia en el contexto de una sociedad hiper–capitalista saturada de bienes de consumo, como la que actualmente padecemos, lo cual constituye un argumento de peso sobre por qué el Ciberpunk terminó por convertirse en el subgénero de la ciencia ficción que mejor describió el futuro distópico que finalmente nos alcanzó, tal vez en esto último radique la razón de su constante popularidad, como lo confirman las adaptaciones de Netflix, por ejemplo, Altered Carbon, basada en la novela homónima de Richard Morgan, y donde la paisana Martha Higareda mostró una faceta por demás sensual y salvaje.

Retornando con nuestro amigo K. Dick, sus historias más conocidas son ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, llevada al cine por Ridley Scott como el ya clásico filme, al que nos hemos referido varias veces en Axis Mundi, Blade Runner (1982), y el cuento «Podemos recordarlo por usted al por mayor», adaptado con gran acierto fílmico por Paul Verhoeven como Total Recall (El vengador del futuro, 1990), aunque en 2012 volvió a filmarse otra fallida e innecesaria adaptación, a cargo de Len Wiseman, saturada de imágenes generadas por computadora o CGI, lo que indica que la tecnología aún no puede suplir la falta de talento.

Al contrario de otros autores de ciencia ficción del periodo citado, Dick lidia con las difíciles temáticas de un mundo atiborrado por los medios y la tecnología, de formas que reconocen las inestabilidades fundamentales del conocimiento y la realidad, de tal manera que anticipó muchas de las preocupaciones del post–modernismo, a la vez que su trabajo constituye una de las principales influencias del Ciberpunk. La obra de Dick trascendió las limitaciones del género de la ciencia ficción, sobre todo por su disposición de experimentar con el lenguaje.

El hecho de que lo que Dick ha estado haciendo es entretenernos con la realidad y la locura, el tiempo y la muerte, el pecado y la salvación, ha escapado a la mayoría de los críticos. Nadie se ha percatado de que tenemos a nuestro propio Borges estadounidense, y lo tenemos desde hace treinta años.[iii]

Al mismo tiempo que Dick exploraba la citada temática dentro de la ciencia ficción, William Burroughs estaba desarrollando nuevos medios de expresión en formas de literatura más experimentales. Burroughs, probablemente con más eficacia que cualquiera de sus contemporáneos, empleó los recursos de la experimentación literaria para representar un mundo cada vez más dominado por la información y sus tecnologías. Irónicamente, Burroughs provenía de una familia cuya riqueza se basaba en el desarrollo de máquinas sumadoras y calculadoras, el autor era descendiente del fundador de la Burroughs Adding Machine Company e inventor del dispositivo del mismo nombre, uno de los mayores precursores en el siglo XIX de la computadora como herramienta de negocios.[iv]

La riqueza producida por esta invención permitió al nieto del innovador disfrutar muchos de los privilegios de un miembro de la clase media alta estadounidense, incluyendo una costosa educación privada que culminó en Harvard. A pesar de tales ventajas, Burroughs sentía atracción hacia otras opciones de vida, menos ortodoxas. Abiertamente admitía su homosexualidad en una época, años 40’s y 50’s, cuando tal orientación era fuertemente estigmatizada, al tiempo que se volvió adicto a la heroína, además de, en 1951, durante su estancia en la Ciudad de México, dispararle a su esposa, Joan Vollmer, en la cabeza cuando, supuestamente, trataban de imitar la clásica hazaña de Guillermo Tell. Asimismo, debemos agregar su involucramiento con un grupo de escritores, entre quienes se encontraban Allen Ginsberg y Jack Kerouac, el cual sería conocido como la Generación Beat.[v]

Burroughs publicó su primer novela, Yonqui, en 1953, seguida por El almuerzo desnudo en 1959, libros en los que empezó a desarrollar su extraordinaria técnica literaria. En Yonqui no sólo describe el estilo de vida de un adicto a la heroína, sino que lo imita activamente. El almuerzo desnudo se ubica en una versión de Tánger, lugar ampliamente apreciado por Burroughs, llamada Interzona, donde retoma el tema de la adicción y el tipo de existencia que impone, pero en una notable forma inconexa que desafía su fácil entendimiento. Tales técnicas fueron perfeccionadas más adelante, merced a la colaboración entre Burroughs y el poeta Brion Gysin en los 60’s.

Gysin era un artista británico que compartía muchos de los intereses arcanos de Burroughs, como la secta persa de los Hassassin, la magia y la misoginia. Ambos desarrollaron la técnica de cortes bruscos para ensamblar frases al azar, lo que emplearon ampliamente en la trilogía de novelas que inició con La máquina blanda de 1961 y continuó con El boleto que explotó (1962) y Expreso Nova (1964).

«Reúnan el estado de las noticias — Investiguen desde el estado hasta el autor — ¿Quién monopolizó el Amor el Sexo y el Sueño? ¿Quién monopolizó Time Life y Fortune»? ¿Quién les quitó lo que es de ustedes? ¿Lo devolverán todo ahora? ¿Alguna vez han dado algo a cambio de nada? ¿Alguna vez han dado algo más de lo que tenían para dar? ¿Acaso no han vuelto a apoderarse de lo que habían dado cada vez que ha sido posible y siempre lo ha sido? Oigan: el Jardín de las Delicias que les prometen es una cloaca — Me ha costado algún esfuerzo trazar el mapa de esa red de cloacas en las partes llamadas pornográficas de Almuerzo desnudo y Máquina blanda — La Inmortalidad la Conciencia Cósmica el Amor que les prometen es mierda de tercer orden — Sus drogas son venenos destinados a provocar el auge de la Muerte Orgasmo y los Hornos de Nova — Apártense del Jardín de las Delicias — Es una trampa devoradora de hombres que remata en una gomosidad verde — Tírenles a la cara ese sucedáneo de Inmortalidad — Se hará trizas antes de que ustedes puedan salir de La Gran Tienda — Echen al inodoro sus drogas — Están envenenando y monopolizando las drogas alucinógenasAprendan a hacerlas sin trucos químicos — Lo único que ofrecen es una pantalla para ocultar su retirada de la colonia que han administrado de manera tan lamentable. Para ocultar los preparativos del viaje y no tener que pagar a los electores después de traicionarlos y venderlos. Cuando tengan lista la huida volarán este lugar.[vi]

Estos libros tal vez son algunas de las expresiones más persuasivas de un mundo saturado por los medios y la información. En dichas obras, y para Burroughs en general, el lenguaje es un virus que se perpetúa a sí mismo a través de los medios de comunicación masiva, un escenario que él expresa y resiste por medio del uso de técnicas como la cinta magnética y los cortes abruptos. Burroughs ha sido aclamado por prefigurar muchas inquietudes literarias post–modernas, en particular su interés por el lenguaje y la indeterminación, así como el haber rechazado el rol tradicional del autor, a la vez que producía novelas Ciberpunk, de manera anticipada.

Muchos de los elementos del Ciberpunk se reunieron en 1982, en el multi–mencionado filme Blade Runner, cuando el director Ridley Scott transformó la referida novela de Philip K. Dick, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, en una cinta noir futurista ubicada en un Los Ángeles orientalizado, sumergido en una lluvia perenne. El personaje principal del libro, Deckard, un «blade runner» dedicado a localizar y liquidar androides aparentemente indistinguibles de los humanos «naturales», deja de ser una de las típicas personas cotidianas de Dick, para convertirse en un hombre de mundo más cercano a los detectives privados de Raymond Chandler. Sin embargo, no es tanto la trama o las preocupaciones de Dick sobre la identidad y la subjetividad lo que hace de Blade Runner un filme extraordinario, sino su aspecto visual.

Influenciada por el citado Moebius, la visión de Scott del paisaje citadino de un futuro cercano presenta el mejor telón de fondo para expresar las inquietudes y temores contemporáneos sobre una sociedad dominada por las corporaciones globalizadas y las tecnologías de la información. Desde el edificio piramidal que alberga a la Corporación Tyrell —los fabricantes de los androides que Deckard está cazando—, el cual domina el paisaje, con sus recubrimientos exteriores similares a los de un microchip, hasta los laboratorios prostéticos a nivel de banqueta, la cinta muestra una alegoría visual de una sociedad dominada por la tecno–ciencia y las TIC. La oscuridad que lo inunda todo y la lluvia sin fin sugieren al espectador que tal tipo de dominación implica un precio a pagar, al menos respecto al medio ambiente. La presencia, a lo largo del filme, de anuncios flotantes exaltando las virtudes de la colonización de otros planetas sugiere que la Tierra ya no es un lugar apropiado para vivir.

Blade Runner se exhibió en una época en que las nuevas tecnologías se estaban volviendo más visibles en la cultura principal. Los primeros años de los 80’s presenciaron el desarrollo de la Macintosh de Apple, la máquina que hizo la computación «amigable» y accesible. Cabe decir que, para el lanzamiento de dicho ordenador, Ridley Scott dirigió un comercial, que rompió récord en cuanto a costo, realizado con un estilo reminiscente a Blade Runner.[vii]

En dicho entorno, la novela de ciencia ficción Neuromante, de William Gibson, halló tal eco que se convirtió en una obra paradigmática del Ciberpunk. En ella, el autor incorpora un rango ecléctico de protocolos genéricos, idiolectos contemporáneos y un penetrante erotismo tecnológico, combinado con una ambivalencia ante «el shock del futuro», por citar la archiconocida obra de Alvin Toffler. Una multitud de influencias, incluyendo a Raymond Chandler, Burroughs y Michael Herr, autor del clásico reportaje sobre la guerra de Vietnam, Despachos de guerra, se combinan para producir una visión distópica del futuro cercano, en el cual el Estado–nación carece de importancia y el mundo se halla dominado por corporaciones de alta tecnología, o como las llama Gibson, apegado a un insistente orientalismo, zaibatsu (camarilla financiera).

Por todos lados se han propagado vastas conurbaciones, por ejemplo, Chiba City en Japón o el Ensanche, en la costa este de EUA. Pero el lugar más significativo en Neuromante es el no–lugar de las redes computacionales o, en el ahora célebre término empleado por Gibson, «ciberespacio». La visión de Gibson de la presencia tridimensional de los datos informáticos en red se ha vuelto tan famosa como influyente, de hecho, la descripción que nos brinda en Neuromante se ha convertido en canónica:

«El ciberespacio. Una alucinación consensual experimentada diariamente por billones de legítimos operadores, en todas las naciones, por niños a quienes se enseña altos conceptos matemáticos… Una representación gráfica de la información abstraída de los bancos de todos los ordenadores del sistema humano. Una complejidad inimaginable. Líneas de luz clasificadas en el no–espacio de la mente, conglomerados y constelaciones de información. Como las luces de una ciudad que se aleja…».[viii]

Parte de la brillantez de Gibson es la reticencia con la cual expresa tales conceptos, en ello emplea su ignorancia del trabajo computacional para su ventaja. Se sabe que Neuromante fue realizada en una máquina de escribir tradicional y, al parecer, Gibson se mantiene al margen de lo que actualmente puede lograrse en dicho campo gracias a los ordenadores. A pesar de esto, el concepto de ciberespacio, en las condiciones expresadas por Gibson, se ha convertido y permanece como un área de interés legítima y actual, retomada muy a menudo en conferencias académicas.

A través de su noción de ciberespacio, Gibson también encontró una manera emocionante de representar a los hackers y su labor. En su visión del futuro, los hackers se han convertido en «vaqueros de consola», lo que hace referencia a la mitología fronteriza que suele estar presente en muchos debates sobre redes y hacking. Tales vaqueros ingresan al ciberespacio para moverse en él, virtualmente, y acceder a la información. Gibson publicó dos libros más ubicados en el mismo futuro, Conde Cero (1986) y Mona Lisa acelerada (1988), desde entonces ha desarrollado ideas similares para novelas y cuentos.

Aunque Gibson no es quien acuñó el término Ciberpunk, o las ideas a las que dio forma, es posiblemente el más dotado e interesante exponente del subgénero, tal vez por su aventurero y sofisticado uso del lenguaje, con lo cual supera con creces a otros escritores de dicha corriente, además de su rechazo a tratar de presentar futuros escenarios tecnológicos convincentes, en lo que se halla más cercano a Burroughs que a la mayoría de sus pares en el campo de la ciencia ficción.

Por otra parte, el surgimiento del Ciberpunk, como un subgénero distintivo dentro de la ciencia ficción, produjo una serie de obras innovadoras, como las de Neal Stephenson y Bruce Sterling, quien colaboró con Gibson en La máquina diferencial (1990), una interesante y divertida novela de lo que se llamaría el Steampunk,[ix] ubicada en un pasado victoriano alternativo, en el que las protocomputadoras de Charles Babbage han logrado ser construidas con éxito, por lo que marcaron el comienzo de una versión temprana de la era informática.

Dejó que su mirada siguiera las tuberías de vapor y los cables tensos hasta el brillo de la máquina de Babbage, una pequeña, un modelo de quinótropo no mayor que la propia Sybil. Al contrario que todo lo demás en el Garrick, la máquina parecía encontrarse en muy buen estado y estaba montada sobre cuatro bloques de caoba. El suelo y el techo debajo y encima de ella habían sido cuidadosamente limpiados y encalados. Las calculadoras de vapor eran mecanismos delicados y temperamentales, o eso había oído; era mejor no tener que soportarlas. Bajo el fulgor de la luz de calcio de Mick resplandecían decenas de columnas perilladas de bronce, que terminaban por arriba y por abajo en aberturas practicadas en placas pulimentadas, con manivelas brillantes, engranajes y miles de ruedas dentadas de acero cuidadosamente fresadas. Olía a aceite de linaza.[x]

Animado tal vez por la creciente presencia en los medios de los hackers y su cultura, o la popularidad de la música y la literatura orientadas hacia la tecnología, Hollywood pronto comenzó a explorar las posibilidades del Ciberpunk, sobre todo a partir de la década de los 90’s. Títulos como Johnny Mnemonic (1995), Días extraños (1995), eXistenZ (1999), El piso 13 (1999), a pesar de contar con directores talentosos, como Katryn Bigelow y David Cronenberg —quien intentó filmar El almuerzo desnudo de Burroughs en 1991—, en realidad pueden considerarse como intentos no logrados del todo, al mostrar los efectos y posibilidades de las nuevas tecnologías, las cuales se supone que deberían sugerir nuevas fronteras por conquistar mediante niveles sin precedentes de información y medios tecnológicos.

Sin embargo, en lo principal, tales cintas muchas veces apenas logran alcanzar el nivel de meros trucos ya que, al otorgar substancia a la tecnología, con la meta de hacerla visible y filmable, se pierde la sensación de su ubicuidad y poder. Problema que sería superado en el filme de los hermanos —ahora hermanas— Wachowski, Matrix (1999), con una simple y brillante prestidigitación. Esta película se ubica en lo que parece ser una ciudad estadounidense a fines del siglo XX, donde el personaje central, Thomas Anderson (Keanu Reeves), labora como programador computacional durante el día y, en la noche, se torna en un hacker, conocido en ese ambiente como Neo, quien tiene la persistente sensación de que no todo es lo que parece en el mundo que le rodea, lo cual se confirma cuando conoce a una joven, asimismo hacker, Trinity. Ella lleva a Neo a un encuentro con Morfeo, una especie de gurú informático, quien le revela las razones detrás de su malestar.

No se hallan en 1999, sino en algún momento del siglo XXII, todo a su alrededor no es más que una simulación computarizada, efectuada por máquinas inteligentes que se han apoderado del planeta y «cultivan» seres humanos en capullos para alimentarse con la energía que ellos generan; mientras se hallan en tal estado, se les brinda la ilusión de que se encuentran en el mundo de finales del siglo XX. Morfeo, Trinity y varios más se han liberado de dicha ilusión, por lo que ahora viajan en un aerodeslizador, evadiendo la detección de las máquinas, al tiempo que tratan de liberar a otros humanos. Morfeo está convencido de que Neo es el «elegido», quien posee poderes especiales para derrotar a las máquinas.

Este grupo de rebeldes tiene la capacidad, gracias a los ordenadores de su nave, de entrar a la simulación computarizada e interactuar con ese «mundo» de una forma extraordinaria, aunque deben cuidarse de un grupo de agentes que siempre visten de negro, quienes son una especie de policía secreta informática, en apariencia indestructible. Respecto a este filme, que se convirtió en todo un fenómeno cultural, Gibson ha dicho: «Cuando comencé a escribir Neuromante, no existía el ‘Ciberpunk’. Matrix es posiblemente el artefacto ‘Ciberpunk’ definitivo, o lo será, si es que las secuelas no lo estropean [que, lamentablemente, fue lo que ocurrió]. Una película de Neuromante, cualquier cosa que yo deseara que fuera […] tendría que ser Matrix, o incluso algo muy parecido».[xi]

Notas de referencia

[i] http://chomikuj.pl/pchlaszachraika/Ebooks+(free)/ENG/Vernor+Vinge/Vernor+Vinge+-+True+Names,121254241.pdf

[ii] http://zbrush.dpi.upv.es/wordpress/wp-content/uploads/2012/03/Vinyeta2.jpg

[iii] Ursula K. Le Guin, citada en Philip K. Dick, The Divine Invasion, Vintage Books, New York, 1991.

[iv] Originalmente, esta empresa que producía calculadoras mecánicas, Burroughs Adding Machine Company, se convertiría en una de las primeras compañías computacionales, cuyo trabajo incluyó la construcción de la unidad de memoria para la ENIAC a principios de los 50’s.

[v] http://www.sysvisions.com/feedback-zine/especiales/e_burroughs.html

[vi] William Burroughs, Expreso Nova, http://www.islaternura.com/APLAYA/NoEresElUnico/B/BU/BURROUGHS%20William%20Marzo%202012/Libros/Expreso%20Nova%20oki.pdf

[vii] http://www.curtsmedia.com/cine/1984.html

[viii] http://www.aldevara.es/download/Neuromante_WilliamGibson.pdf

[ix] «Como manifestación artística, el Steampunk nació como un subgénero de la ficción especulativa y la ciencia ficción, más específicamente como una variante del Ciberpunk. El término fue acuñado a finales de 1980, según Wikipedia, cuando el escritor K. W. Jeter buscaba un término que describiera sus trabajos (Morlock Night, 1979 e Infernal Devices, 1987), junto a los de Tim Powers (Las puertas de Anubis, 1983) y James Blaylock (Homunculus, 1986). Todas estas obras literarias se sucedían en plena Era Victoriana e imitaban las convenciones de los trabajos de H. G. Wells, entre otros autores. Con el tiempo, el Steampunk fue ‘mutando’, presentando cosas cada vez más extrañas y alocadas, hasta pasar a considerarse también un subgénero de la fantasía […] La narrativa prototípica era esencialmente la del Ciberpunk, pero en el pasado. Con todo lo que el Punk, con su filosofía, aporta al género y con máquinas del pasado en vez de implantes cibernéticos», http://www.neoteo.com/steampunk-todo-lo-que-siempre-quisiste-saber-del/

[x] William Gibson y Bruce Sterling, La máquina diferencial, Madrid, La Factoría de Ideas, 2006, p. 15.

[xi] http://www.williamgibsonbooks.com/archive/2003_01_28_archive.asp

Carlos Hinojosa*

*Escritor y docente zacatecano

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