Axis Mundi: El traficante de droga


Carlos Hinojosa*

*Escritor y docente zacatecano

 

La figura del traficante de droga, tan multi y omnipresente hoy en día,[1] con su identidad masculina empresarial, forjada por sí mismo, pero, a fin de cuentas, fracasada, no emerge completamente representada en los filmes contemporáneos, como Tony Montana (Al Pacino) en el clásico Scarface (1983), de Brian de Palma; en las series El Chapo (2017) y Narcos (2015), de Netflix; o incluso en textos arquetípicos tan tempranos como El gran Gatsby (1925). En lugar de ello, dicha figura se desarrolló a partir de la estrecha relación que ha existido, históricamente, entre la distribución de drogas y el capitalismo legítimo.

Con el surgimiento del capitalismo moderno en el siglo XVI, la distribución de drogas permitió a quienes la practicaban obtener beneficios financieros, explotando a las poblaciones indígenas y colonizando sus tierras, al tiempo que aseguraban el estatus hegemónico de sus propias masculinidades. A medida que las drogas se volvían cada vez más categorizadas como mercaderías «ilícitas», los discursos producidos por sus significados asociados continuaban colocando, a las sustancias que alteran la mente, dentro de un patrón que naturalizaba la opresión y criminalización de grupos sociales en particular, justificando la colonización o explotación de ciertas regiones geográficas, revalorando a la economía del capitalismo lícito a expensas de su contraparte ilícita.

Sin embargo, a principios del siglo XX, la capacidad de la economía legítima para proveer a los hombres blancos de clase media con las identidades de género autónomas y remuneradoras, que ellos aguardaban, había disminuido, circunstancia que se incrementó exponencialmente tras el Crack Bursátil de 1929, que originó la Gran Depresión. De esta forma, la asociación entre la masculinidad empresarial y la figura del traficante de droga surgió como una de varias metáforas representativas a través de la cual los creadores de productos culturales podrían proclamar la moral y los beneficios materiales ofrecidos por el trabajo legítimo, en una época en que los hombres de clase media sólo experimentaban la disminución de tales beneficios.

De manera particular, mientras que las economías de las drogas se movían a la clandestinidad, durante y después del advenimiento de las prohibiciones y la Ley Volstead (la infame Ley Seca de los años 1920’s en Estados Unidos), el traficante de droga del mundo de la ficción cristalizó y, subsecuentemente, aminoró las tensiones producidas por las capacidades en declive de los hombres blancos de clase media para obtener satisfacción de sus ocupaciones legítimas.

Comenzando con El gran Gatsby,[2] varios textos que podemos considerar dentro del género de los traficantes representan a estos personajes como incapaces de consolidar sus ambiciones empresariales de género a través de sus esfuerzos económicos ilícitos. Con el fin de lograr lo anterior; sin embargo, tales textos genéricos deben ignorar las conexiones históricas y contemporáneas entre la distribución de drogas y el capitalismo legítimo.

En su reseña de la cinta Traffic (2000), de Steven Soderbergh, donde se relatan varias historias entrelazadas sobre el tráfico de drogas entre México y Estados Unidos, a principios del siglo XXI, David Banash argumenta que la referida cinta de Brian de Palma, Scarface, «explores the ways in which the gangster is the ultimate representative of capitalism itself».[3] Banash señala que el filme proclama que «no hay ninguna diferencia entre el capitalismo legal y el comercio de drogas, ambos son explotadores y destructivos».[4] En muchos relatos de este ámbito tal parece que el tráfico de drogas, con bastante frecuencia, no se representa como una forma sucia y degradada de capitalismo que legitima al capitalismo legal (y sus identidades masculinas relacionadas) contra el cual es yuxtapuesto.

En vez de ser productos o productores de las inequidades inherentes al capitalismo, las economías de la droga se convierten en espejos que reflejan los peores componentes del capitalismo legal, desviando la culpa del capitalismo en sí mismo y desplazándola hacia aquéllos que se sienten obligados a involucrarse en el tráfico de drogas porque han tenido pocas opciones alternativas en la vida.[5] El gangster, en otras palabras, y no el sistema al que metonímicamente se refiere, se convierte en el culpable en lugar de ser la víctima. Resumiendo, las narraciones del género de los traficantes típicamente oscurecen las relaciones históricas y semejanzas experimentadas que existen entre el tráfico de drogas y la economía legítima capitalista, en vez de ello, presentan al capitalismo lícito como la única vía en la cual los hombres pueden producir y adoptar masculinidades exitosas auto-realizadas.

 

NOTAS:

[1] A partir de la administración de Richard Nixon, cuya presidencia inició en 1969 y concluyó en 1974, comenzó la «guerra contra las drogas», en la cual está involucrado no sólo Estados Unidos, sino también nuestros países hispanoamericanos y una buena parte del resto de las naciones del mundo, con un costo financiero y en vidas humanas que alcanza niveles aberrantes. Por citar el caso de México, en más de una década de guerra abierta contra los cárteles (2006-2018) se han registrado más de 130 mil muertes relacionadas con dicho conflicto y 30 mil desparecidos, sin contar la catástrofe humanitaria de los desplazados, las familias destrozadas, una economía al borde del colapso y el riesgo (que ya no lo es tanto) de un narco-Estado. http://amnistia.org.mx/nuevo/wp-content/uploads/2015/02/amr410012015es.pdf

[2] –¿Quién es este Gatsby, pues? -preguntó Tom de repente-. ¿Algún gran contrabandista de licor?

–¿Dónde escuchaste eso? -pregunté.

–No lo escuché. Lo imagino. Muchos de estos nuevos ricos son sólo eso, como tú sabes; grandes contrabandistas de licor.

–Gatsby no -dije cortante.

Se quedó callado por un momento. Los guijarros del camino le tallaban los pies.

–Bueno, seguro que debió haber sudado mucho para lograr reunir este zoológico.

  1. Scott Fitzgerald, El gran Gatsby, http://iesvelesevents.edu.gva.es/wptemp/wp-content/uploads/2013/03/Scott-Fitzgerald.-El-gran-Gatsby.pdf

[3] «[E]xplora las formas en las cuales el gangster es el representante definitivo del capitalismo en sí mismo», David Banash, «Intoxicating Class: Cocaine at the Multiplex», Postmodern Culture 12.1, 2001, https://muse-jhu-edu.lp.hscl.ufl.edu/journals/pmc/v012/12.1 banash.html

[4] Ibíd.

[5] La frase con la que abre El gran Gatsby resulta más que emblemática de lo anterior: «En mis años mozos y más vulnerables mi padre me dio un consejo que desde aquella época no ha dejado de darme vueltas en la cabeza. ‘Cuando sientas deseos de criticar a alguien’ –fueron sus palabras– ‘recuerda que no todo el mundo ha tenido las mismas oportunidades que tú tuviste’», Scott Fitzgerald, op. cit.

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