Axis Mundi: Marx lives!


Aunque hoy para algunos parezca lejana, la lucha de clases solía ser algo muy común y próximo. No por nada Marx y Engels escribieron, en la segunda obra más vendida de todos los tiempos, El Manifiesto Comunista: «Lo que la burguesía produce, por encima de todo, son sus propios sepultureros. Su caída y la victoria del proletariado son igualmente inevitables». Por cierto, el libro más vendido de todos los tiempos es la Biblia.

Podría parecer, ahora que se «conmemora» el segundo centenario del nacimiento de Marx, que las cosas son exactamente lo opuesto a lo descrito por el pensador alemán. El proletariado, lejos de enterrar al capitalismo, lo mantiene con respiración artificial. Por ejemplo, los obreros con más exceso de trabajo y peores salarios, presumiblemente liberados por la revolución socialista más grande de la historia (la China), están al borde del suicidio para poder mantener a los occidentales jugando con sus smartphones. El dinero chino financia a un Occidente que, de otro modo, estaría en bancarrota.

Esta ironía no tiene desperdicio para algunos de los principales pensadores marxistas que aún quedan. «La dominación del capitalismo en todo el mundo depende hoy de la existencia de un partido comunista chino que dé, a las empresas capitalistas extra–nacionales, mano de obra barata para bajar los precios y privar a los trabajadores de los derechos de auto–organización»,[i] dice Jacques Rancière, académico marxista y profesor francés de Filosofía en la Universidad de París VIII. «Afortunadamente, es posible esperar un mundo menos absurdo y más justo que el de hoy».

Esa esperanza, quizás, explica otra verdad improbable de nuestros tiempos económicamente catastróficos: el renacimiento del interés en Marx y el pensamiento marxista. Las ventas de Das Kapital, obra maestra de la economía política, se han disparado desde 2008, tal vez por la pantagruélica crisis financiera de ese año, al igual que las de El Manifiesto Comunista. Dichas ventas aumentaron a medida que los trabajadores de todo el mundo rescatábamos a los bancos para mantener a flote un sistema en descomposición que sólo alimenta los hocicos de los poderosos en sus depresiones, mientras que el resto de nosotros luchamos contra las deudas, la inseguridad laboral y la tentación del suicidio.

Quizás la más extraña de las fortunas del teórico revolucionario, con barba exuberante, sea que Karl Marx haya sido elegido, de una lista de 10 candidatos, para aparecer en una nueva tarjeta de MasterCard por clientes del banco alemán Sparkasse en Chemnitz, localidad que, en la época de la Alemania Oriental comunista, era conocida como Karl Marx Stadt. Ciertamente, más de dos décadas después de la caída del Muro de Berlín, la antigua Alemania Democrática aún no ha cancelado su pasado marxista. En 2008, de acuerdo con Reuters, una encuesta entre alemanes del este señalaba que el 52% creía que la economía de libre mercado era «inadecuada», mientras el 43% dijo que deseaba, otra vez, el socialismo. Karl Marx puede estar muerto y enterrado en el cementerio de Highgate, pero se halla vivo y coleando entre sus paisanos hambrientos de crédito. ¿Habría apreciado Marx la ironía de que su imagen se desplegara en una tarjeta de crédito para aumentar la deuda del proletariado?

Por su parte, en Gran Bretaña crece el interés en las ideas de Marx, sobre todo entre los jóvenes, de acuerdo con Joseph Choonara, organizador de un evento anual que reúne a varias organizaciones de izquierda. «La reactivación del interés en el marxismo, especialmente para los jóvenes, se debe a que proporciona herramientas para analizar el capitalismo, y especialmente crisis capitalistas como la que estamos viviendo ahora», apunta Choonara.

Y, a propósito, ¿también resultan las venerables ideas de Marx tan apropiadas, como lo fueron para señalar la importancia del telar de vapor, si buscamos comprender la reputación innovadora de Apple? ¿No parece el sueño de la revolución socialista y la sociedad comunista algo irrelevante en 2018? Ya que, pese a estas dos últimas y complicadas centurias, la burguesía no ha logrado producir sus propios sepultureros. El citado Rancière se niega a ser pesimista: «La burguesía ha aprendido a hacer que los explotados paguen por sus crisis, así como a usarlos para desarmar a sus adversarios. Pero no debemos revertir la idea de la necesidad histórica y concluir que la situación actual es eterna. Los sepultureros ya están aquí, en la forma de trabajadores en condiciones precarias como los obreros sobreexplotados de las fábricas en el lejano oriente. Y los movimientos populares de hoy en día —Nicaragua o en otros lugares— también indican que hay una nueva voluntad de no permitir que nuestros gobiernos y nuestros banqueros inflijan más crisis en la gente».

Además, hay otra razón por la cual el marxismo aún tiene algo que enseñarnos mientras lidiamos con la depresión financiera, además de su análisis de la lucha de clases: su modelo de estudio de la crisis económica. En su formidable obra, Menos que nada: Hegel y la sombra del materialismo dialéctico (2015), Slavoj Žižek intenta aplicar el pensamiento marxista sobre las crisis económicas que estamos soportando en este momento. Žižek considera que el antagonismo fundamental está entre el «valor de uso» y el «valor de cambio».

¿Cuál es la diferencia entre ambos? Cada producto tiene un valor de uso, explica el pensador esloveno, medido por su utilidad para satisfacer necesidades y deseos. El valor de cambio de una mercancía, por el contrario, se mide tradicionalmente por la cantidad de trabajo que entra en su fabricación. Bajo el capitalismo actual, sostiene Žižek, el valor de cambio se vuelve autónomo. «Se transforma en un espectro de capital autopropulsado que utiliza las capacidades productivas y las necesidades de las personas reales solo como su encarnación temporal desechable. Marx sacó su noción de crisis económica de esta misma brecha: una crisis ocurre cuando la realidad alcanza al espejismo autogenerado ilusorio que genera más dinero, y esta locura especulativa no puede continuar indefinidamente, tiene que explotar en crisis aún más graves. La raíz última de la crisis para Marx es la brecha entre el uso y el valor de cambio: en la lógica del intercambio, el valor sigue su propio camino, su propio baile, independientemente de las necesidades reales de la gente real».[ii]

En tiempos tan incómodos como el presente, ¿quién mejor para analizarlos que el mayor teórico catastrofista de la historia humana, Karl Marx? En su introducción a una edición de El Manifiesto Comunista, el insigne profesor Eric Hobsbawm (1917–2012) señalaba que Marx tenía razón al argumentar que «las contradicciones de un sistema de mercado no se basan en ningún otro nexo entre seres humanos que el egoísmo puro, el pago en cruel efectivo; un sistema de explotación y de ‘acumulación infinita’ nunca se puede superar: en algún punto de una serie de transformaciones y reestructuraciones, el desarrollo de este sistema, esencialmente desestabilizador, conducirá a un estado de cosas que ya no se puede describir como capitalismo».[iii]

Esto último es la sociedad poscapitalista como la soñaron los marxistas, pero, ¿cómo luciría? «Es extremadamente improbable que una ‘sociedad poscapitalista’ de este tipo responda a los modelos tradicionales del socialismo y aún menos a los socialismos ‘realmente existentes’ de la era soviética», argumentaba Hobsbawm, agregando que, sin embargo, necesariamente implicaría un cambio de la propiedad privada a la gestión social en una escala global. «Qué formas podría tomar y hasta qué punto encarnaría los valores humanistas del comunismo de Marx y Engels, dependerá de la acción política a través de la cual se produzca este cambio».

Tal es, seguramente, el marxismo en su forma más liberadora, lo que sugiere que nuestro futuro depende de nosotros y nuestra disposición para la lucha. O como Marx y Engels lo pusieron al final de El Manifiesto Comunista: «Que las clases dominantes tiemblen ante una revolución comunista. Los proletarios no tienen nada que perder excepto sus cadenas. Tienen, en cambio, todo un mundo que ganar».[iv]

 

NOTAS DE REFERENCIA:

[i] https://www.theguardian.com/world/2012/jul/04/the-return-of-marxism

[ii] https://es.scribd.com/document/351125553/01-%C5%BDi%C5%BEek-Slavoj-Menos-Que-Nada-Hegel-y-La-Sombra-Del-Materialismo-Dialectico-Cap-1-Primera-Parte

[iii] http://www.rebelion.org/docs/122685.pdf

[iv] https://webs.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/47mpc/i4.htm

 

Carlos Hinojosa*

*Escritor y docente zacatecano

Puedes compartir esta noticia en tus redes sociales.
Previous Portadas de diarios impresos Zacatecas domingo 6 de mayo
Next Empresarios y sociedad civil adoptan espacios urbanos

No Comment

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.