«Por cuanto hace a los norteamericanos, ellos no solo reconocen cosa suya a la CIA, sino que la aman y veneran como uno de los grandes motivos de orgullo nacional. El propio Rockefeller declaró hace unos días que, si bien la CIA era culpable de ciertos pecados, estos podían ser considerados como veniales si se les comparaba con los insignes servicios que había prestado a la nación. Tratar, pues, de convencer, a los norteamericanos de que la CIA es algo odioso, sería tanto como pedirles que no amaran a Lincoln o a Mickey Mouse».[i]
Manuel Buendía (1926-1984)[ii]
Como bien saben los amables lectores, el fallecimiento de dos agentes estadounidenses —al parecer vinculados a labores de inteligencia— tras un operativo contra un narcolaboratorio en la zona limítrofe entre Chihuahua y Sinaloa ha detonado una controversia de alto impacto en la relación bilateral entre México y Estados Unidos, ya que el caso evidencia no sólo una posible vulneración del marco normativo mexicano, sino también una reconfiguración silenciosa de los mecanismos de intervención estadounidense en el combate al narcotráfico.[iii]
No es un secreto que la cooperación en materia de seguridad entre México y Estados Unidos ha sido históricamente compleja, marcada por una constante tensión entre la necesidad de colaboración y la defensa de la soberanía nacional. En este contexto, el incidente ocurrido en la región conocida como el «Triángulo Dorado» —espacio estratégico para la producción y tráfico de drogas— adquiere una relevancia singular. La muerte de dos agentes estadounidenses en circunstancias vinculadas a un operativo antidrogas no sólo plantea interrogantes sobre la naturaleza de su participación, sino que también abre un debate sobre los límites legales y políticos de la intervención extranjera en territorio mexicano.[iv]
No obstante, para comprender plenamente sus implicaciones, resulta indispensable situarlo en una perspectiva histórica más amplia ya que, como apuntamos, la relación entre el aparato de inteligencia estadounidense y el Estado mexicano no es nueva, sino que responde a dinámicas acumulativas que se remontan, al menos, a la Guerra Fría.
Panorama histórico de la CIA en México
- Guerra Fría: cooperación estructural y vigilancia política (1950–1970)
Documentos desclasificados revelan que la presencia de la CIA (Central Intelligence Agency, Agencia Central de Inteligencia) en México fue particularmente intensa durante la Guerra Fría. Lejos de operar exclusivamente de manera encubierta, en muchos casos contó con la anuencia —e incluso iniciativa— del propio gobierno mexicano.
Un ejemplo paradigmático es la Operación LIENVOY, un programa de interceptación de comunicaciones dirigido principalmente contra las embajadas soviética y cubana, que fue impulsado por el propio gobierno mexicano en la década de 1960.[v] Asimismo, programas como LITEMPO implicaron el reclutamiento de altos funcionarios mexicanos como informantes, incluyendo figuras de primer nivel político.[vi]
Este periodo se caracterizó por:
- Cooperación estrecha en inteligencia anticomunista.
- Vigilancia de actores políticos internos.
- Integración informal de élites mexicanas en redes de inteligencia estadounidense.
Diversos estudios también sugieren que la CIA colaboró con organismos de seguridad mexicanos en la represión de movimientos de izquierda y disidencia política.[vii]
- La «guerra sucia» y la ambigüedad operativa (1970–1980)
Durante las décadas de 1970 y 1980, la relación adquirió un carácter más ambiguo. Por un lado, continuó la cooperación en inteligencia; por otro, emergieron denuncias sobre el papel de agencias estadounidenses en contextos de represión política y vínculos indirectos con estructuras criminales.
La colaboración entre la CIA y la extinta Dirección Federal de Seguridad (DFS) ha sido objeto de múltiples investigaciones históricas, especialmente en el contexto de la llamada «guerra sucia». Algunos casos documentan operaciones conjuntas contra opositores políticos y periodistas críticos.[viii]
En paralelo, surgieron controversias sobre la relación entre agencias estadounidenses y el narcotráfico en América Latina, aunque las investigaciones oficiales no han probado una implicación directa institucional en dichas actividades.[ix]
Esta etapa consolidó una percepción persistente: la CIA operaba en México en un espacio de tolerancia ambigua, entre la cooperación oficial y la opacidad institucional.
- La transición hacia la guerra contra las drogas (1990–2010)
Con el fin de la Guerra Fría, la prioridad estratégica se desplazó hacia el combate al narcotráfico. A partir de la década de 1990, la CIA intensificó su participación en México mediante:
- Entrenamiento de unidades militares mexicanas.
- Intercambio de inteligencia estratégica.
- Apoyo en la captura de líderes de alto perfil.
Investigaciones recientes indican que la agencia trabajó estrechamente con unidades mexicanas «certificadas» o «verificadas» (vetted units), consideradas confiables para compartir información sensible.[x]
Este modelo permitió operaciones de alto impacto, pero también generó efectos colaterales:
- Fragmentación de cárteles.
- Incremento de la violencia.
- Dependencia tecnológica y de inteligencia.
- Siglo XXI: expansión encubierta y normalización operativa
En las últimas décadas, la presencia de la CIA en México se ha vuelto más sofisticada y, en cierta medida, más normalizada dentro de la cooperación bilateral.
Actualmente, sus funciones incluyen:
- Vigilancia mediante tecnologías avanzadas (incluidos drones).
- Asesoría estratégica en operaciones contra cárteles.
- Participación indirecta en operativos de alto valor.
Investigaciones periodísticas señalan que esta colaboración se ha convertido en un elemento central de la estrategia estadounidense contra el narcotráfico.[xi]
Sin embargo, esta expansión ha mantenido un rasgo constante: la opacidad. La mayoría de tales operaciones no son plenamente transparentes ni están sujetas a escrutinio público.
Marco jurídico: soberanía y regulación de agentes extranjeros
En este sentido, desde una perspectiva normativa, el reciente caso de Chihuahua remite directamente a los principios de soberanía consagrados en la Constitución mexicana y a las disposiciones específicas de la Ley de Seguridad Nacional. Dicho marco establece que cualquier forma de cooperación internacional en materia de seguridad debe ser autorizada y supervisada por el gobierno federal, limitando de manera explícita la actuación directa de agentes extranjeros en territorio nacional.
Por tanto, la posibilidad de que autoridades estatales hayan facilitado o permitido la presencia operativa de personal de la CIA sin conocimiento del gobierno federal constituye, en principio, una anomalía jurídica de gran calado. No se trata únicamente de una falla administrativa, sino de una potencial transgresión al orden constitucional que regula las relaciones exteriores y la seguridad interior.[xii]
Este elemento resulta crucial, pues sitúa el incidente en el terreno de la legalidad estatal y no únicamente en el ámbito de la cooperación técnica o táctica.
Dimensión política: tensiones diplomáticas y disputa de narrativas
En el plano político, el suceso ha generado una inmediata fricción diplomática. Por un lado, el gobierno mexicano ha enfatizado la necesidad de esclarecer las condiciones bajo las cuales operaban los agentes de la CIA, subrayando la importancia de respetar los canales institucionales. Por otro, autoridades estadounidenses han insistido en la relevancia de la cooperación bilateral frente a una amenaza transnacional como el narcotráfico.
Esta divergencia refleja una disputa de narrativas: mientras México articula su posición en torno a la defensa de la soberanía, Estados Unidos privilegia un enfoque pragmático basado en la eficacia operativa. La tensión entre ambos enfoques no es nueva, como hemos señalado, pero adquiere renovada intensidad en el contexto de políticas más agresivas por parte de Washington en la lucha contra el crimen organizado.
Asimismo, el caso pone de manifiesto la influencia del contexto político interno en ambos países, donde el tema de la seguridad suele ser instrumentalizado con fines de legitimación y presión.[xiii]
Fragmentación institucional y gobernanza multinivel
Un aspecto particularmente relevante del incidente es la aparente falta de coordinación entre distintos niveles de gobierno en México. La hipótesis de que autoridades estatales estuvieran al tanto de la presencia de agentes extranjeros, mientras el gobierno federal no lo estaba, revela una fractura en la gobernanza de la seguridad.[xiv]
Este fenómeno puede interpretarse a la luz de las dinámicas de federalismo, donde las competencias en materia de seguridad pública y cooperación internacional no siempre están claramente delimitadas en la práctica. Sin embargo, en contextos de alta sensibilidad estratégica, como el combate al narcotráfico, dicha ambigüedad puede traducirse en vulnerabilidades significativas.
La fragmentación institucional no sólo debilita la capacidad de respuesta del Estado, sino que también abre espacios para la injerencia externa, intencional o no.
Dependencia estratégica y asimetría bilateral
Desde una perspectiva geoestratégica, el caso pone en evidencia la persistente asimetría entre México y Estados Unidos en materia de capacidades de inteligencia, tecnología y recursos. La posible participación de agencias estadounidenses en la localización del narcolaboratorio sugiere una dependencia estructural que condiciona las decisiones operativas del Estado mexicano.
Si bien esta cooperación puede traducirse en mayor eficacia en el corto plazo, también plantea riesgos en términos de autonomía estratégica. La dependencia de inteligencia extranjera puede limitar la capacidad de México para definir de manera soberana sus prioridades y métodos en la lucha contra el narcotráfico.[xv]
En este sentido, el incidente puede interpretarse como un síntoma de una relación desigual, donde la cooperación se entrelaza con dinámicas de subordinación implícita.[xvi]
Escenarios prospectivos
A partir del análisis anterior, es posible delinear tres escenarios plausibles:
- Reafirmación soberana: México refuerza los mecanismos de control sobre la presencia de agentes extranjeros, consolidando la centralización de la cooperación internacional.
- Continuidad pragmática: se mantiene la colaboración bilateral bajo esquemas discretos, sin modificaciones sustanciales en la práctica operativa.
- Aumento de la intervención: Estados Unidos amplía su margen de acción en nuestro país, impulsado por una agenda de seguridad más agresiva.
Cada uno de estos escenarios implica costos y beneficios distintos, tanto en términos de eficacia como de legitimidad.
Como podemos apreciar, la presencia de la CIA en México no es un fenómeno reciente, sino una constante que ha evolucionado en función de los intereses estratégicos de EUA y las condiciones internas del Estado mexicano.
El caso actual representa, en este sentido, una coyuntura crítica que hace visibles tensiones estructurales de larga duración:
- La tensión entre soberanía y cooperación.
- La persistencia de prácticas opacas en materia de inteligencia.
- La dependencia estratégica en el combate al narcotráfico.
Más que un punto de ruptura, el incidente puede interpretarse como un momento de revelación: pone en evidencia los límites del modelo actual de colaboración y la necesidad de redefinir, con mayor claridad jurídica y política, los términos de la relación bilateral México/EUA en materia de seguridad.
[i] Manuel Buendía, La CIA en México, Océano, México D.F., 1984, p. 35.
[ii] https://tropicozacatecas.com/2021/07/25/axis-mundi-quien-mato-a-manuel-buendia-el-riesgo-de-ser-buen-periodista-en-mexico/
[iii] https://elpais.com/mexico/2026-04-21/un-narcolaboratorio-de-dimensiones-extraordinarias-y-dos-agentes-de-ee-uu-muertos-las-incognitas-del-accidente-en-chihuahua.html
[iv] https://www.elfinanciero.com.mx/nacional/2026/04/22/destapan-nueva-informacon-sobre-agentes-estadounidenses-muertos-en-mexico-eran-de-la-cia/
[v] https://nsarchive.gwu.edu/briefing-book/mexico/2025-05-19/jfk-files-detail-close-intelligence-collaboration-between-cia-and
[vi] https://direct.mit.edu/jinh/article/55/3/415/130681/The-Quiet-Actor-U-S-Intelligence-and-Mexico-s
[vii] https://www.peoplesworld.org/article/cia-presence-provokes-fear-in-mexico/
[viii] https://literalmagazine.com/68-the-students-the-president-and-the-cia/
[ix] https://en.wikipedia.org/wiki/CIA_involvement_in_Contra_cocaine_trafficking
[x] https://www.reuters.com/investigations/inside-cias-secret-fight-against-mexicos-drug-cartels-2025-09-10/
[xi] https://engelsbergideas.com/essays/a-new-age-of-us-mexican-interdependence/
[xii] https://lasillarota.com/opinion/columnas/2026/4/22/el-operativo-en-la-tarahumara-que-la-federacion-no-vio-595929.html
[xiii] https://forbes.com.mx/gobierno-pide-explicaciones-a-eu-por-participacion-de-agentes-en-operativo-antidroga-en-chihuahua/
[xiv] https://ruptura360.mx/el-pais/federalismo-bajo-escrutinio-tras-incidente-de-seguridad-en-chihuahua/
[xv] La perspectiva geoestratégica descrita subraya una asimetría estructural y una dependencia en inteligencia que caracterizan la relación de seguridad entre México y Estados Unidos, factores que se han visto reflejados en incidentes recientes de alto perfil en la lucha contra el narcotráfico.
Puntos Clave desde la Geoestrategia:
-Asimetría de Capacidades: Existe una disparidad significativa en recursos tecnológicos, geolocalización y herramientas de inteligencia entre agencias de EUA (como la DEA, CIA, HSI) y las fuerzas mexicanas.
-Dependencia Estructural: La cooperación para desmantelar «megalaboratorios» o detener a líderes criminales a menudo depende de la información de inteligencia proporcionada por EUA, lo que condiciona las prioridades operativas en México.
-Riesgos de Autonomía: La dependencia de inteligencia extranjera puede limitar la soberanía nacional al subordinar las estrategias locales a las agendas de seguridad de Washington, enfocadas actualmente en el fentanilo.
-Tensión Soberanía-Cooperación: Casos recientes, como el hallazgo de un laboratorio en Chihuahua y la presencia de agentes estadounidenses, generan tensiones entre la necesidad de cooperación y la postura oficial de defensa de la soberanía nacional.
El escenario refleja un dilema constante para México: la necesidad de utilizar recursos externos para combatir organizaciones criminales poderosas, aceptando al mismo tiempo una dinámica de «cooperación-subordinación».
[xvi] https://es-us.noticias.yahoo.com/preguntas-abiertas-papel-ee-uu-120133195.html
Carlos Hinojosa*
*Escritor y docente zacatecano
